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Sinceridad al escuchar

Foto: Megamedia

Pastoral de la Salud

Nos hemos convertido en una sociedad que no quiere ni sabe escuchar. Todos queremos hablar pero pocos queremos escuchar.

Muchas personas necesitan ser escuchadas. Escuchar es el arte de salir de sí mismos para ponerse en el lugar del otro. Es ponernos en el nivel de conciencia para que nuestros cinco sentidos estén a disposición de la persona que tengo enfrente.

Hace pocos días me fijé en la mesa en un restaurante en que todos los comensales hablaban al mismo tiempo, pero ¿realmente se escuchaban? A menudo permanecemos inmersos y perdidos en los teléfonos móviles, absortos del mundo real.

Le tenemos miedo al silencio, tememos escuchar a Dios que nos habla en el silencio del interior de nuestra conciencia. Apenas subimos al coche encendemos el estéreo, ponemos música, radio, etcétera. Llegamos a la casa y encendemos la TeVe, nos conectamos a internet, entramos a redes sociales. Pero no escuchamos.

Todos tenemos necesidad de ser escuchados, no solamente las personas que sufren o padecen alguna enfermedad. Los jóvenes, adultos mayores, profesionales, jubilados, todos en las diferentes etapas de vida necesitamos expresarnos.

Estamos tan inmersos en ocupaciones viviendo la cultura del individualismo, en la que cada quien se preocupa por su “bien-estar”, que poco nos interesa lo que sucede a nuestro alrededor.

Para abrir los oídos necesitamos abrir la mente pero sobre todo nuestro corazón, dejar el egoísmo imperante para abrirnos a la gracia de la generosidad en la escucha.

Dios nos habla cada día a través de múltiples experiencias, situaciones, personales o a través de otros, pero solo las podremos descubrir si escuchamos a los demás.

Escuchemos, no solo oigamos; estemos atentos y no vacilemos, porque la vida acontece, y las palabras, los gestos y las acciones solo se dicen una vez.

Al pedir consejo escuchemos a la persona con actitud sincera, sabiendo que Dios puede estar expresándose también por este medio. Seamos atentos y escuchemos, aprendamos de la “escuela de María”, aquella mujer de Nazaret que “guardaba y meditaba todas esas cosas en su corazón”.— Padre Alejandro de Jesús Álvarez Gallegos, coordinador diocesano para la Pastoral de la Salud

 

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