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Sobre la libertad y las tribulaciones

Foto: Megamedia

Uno, dos, tres… por la adultez

Antonio Alonzo Ruiz(*)

“¿Qué más les puedo decir acerca del papel de la fe?”, preguntó el bautista. Tiempo me faltaría —continuó— para hablar de Gidón, de Baraq y de Shemesh, de Yiftaj y del gran Dawid; lo mismo que de Samuel, último juez y primer profeta después de Moshé.

Todos ellos, por la fe, sometieron naciones, establecieron justicia, experimentaron la mano fuerte y el brazo extendido de Yahveh; cerraron bocas de leones, apagaron la violencia del fuego, se mostraron valientes en la guerra y rechazaron a invasores extranjeros.

Sépanlo bien, todos ellos no merecen ser recordados ahora mas que por la fe y, aun así, no consiguieron ver cumplida la promesa mesiánica.

Todos ellos desearon ver lo que nuestros ojos están a punto de ver y no lo vieron, desearon oír lo que nuestros oídos están a punto de oír y no lo oyeron.

Por la fe, Elisheba parió en la vejez al precursor del Reino y también por la fe Mariam concibió y dio a luz a su hijo y le puso por nombre Emmanuel.

Será entonces solo por la fe, dijo con tono enfático el profeta, que podremos alegrarnos con la presencia del ungido y con él, dar el paso de la esclavitud a la libertad definitiva; pero es necesario pasar tribulaciones para entrar al Reino del Cielo, concluyó. Muchos de sus oyentes se entristecieron al escuchar eso de las tribulaciones, y dando la media vuelta, en silencio, se alejaron.

Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. WhatsApp: 9993-46-62-06. @delosabuelos Antonio Alonzo

 

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