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Sociedad enferma

¡Fracaso!

Ernesto Arévalo Galindo (*)

“La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema sociocultural”. —Federico Fellini, director de cine y guionista italiano

¡Primero fue la televisión!

La manipulación masiva por medio de la televisión siempre ha sido fundamental para la política, para la economía y para la historia, porque ha permitido sostener regímenes encaminados al enriquecimiento ilícito de pocos y al empobrecimiento sistemático de muchos, cuyos ciclos empezaron a ser aplicados categóricamente desde finales de la década de los años sesenta, con el Movimiento del 68, hasta nuestros días con la llegada de Andrés Manuel López Obrador y su 4T.

Los medios de comunicación —principalmente la televisión como uno de los instrumentos de mayor alcance, penetración y efectividad (porque contiene imagen y sonido) en las masas populares— han sido muy eficientes históricamente para “fabricar” la opinión pública con base en las necesidades del poder político saliente y del poder político entrante. La creación y la destrucción de gobiernos. El principio y el final de movimientos sociales. Las permanencias y las crisis económicas. El nacimiento y la muerte de ídolos. Las verdades y las mentiras de una nación.

En 2002, el escritor francés Sylvain Timsit definió las diez estrategias de manipulación mediática. Millones, pero millones de mexicanos cayeron en la trampa por diversos factores, principalmente por la carencia o deficiencia en su formación, llegando a ser “instrumentos” para los sistemas políticos en turno. Andrés Manuel López Obrador y su Cuarta Transformación, con su populismo y su utopía, son ejemplos de la decadencia de una sociedad; al grado que ya está enferma, envuelta en la brutalidad de la violencia.

“La distracción” (de los asuntos realmente importantes). “Crear problemas, ofrecer soluciones” (en apoyo al gobierno para que sepamos que trabaja). “La gradualidad” (para la aceptación de una medida inaceptable). “Diferir” (para anunciar una decisión impopular). “Hablar desde una posición intelectual superior” (enfocándose al inmaduro o incapaz de la comprensión). “Apelar al aspecto emocional antes que a la reflexión” (para anular el análisis racional). “La ignorancia” (para fortalecer la incomprensión). “Hacer que el público sea complaciente con la mediocridad” (para promover la creencia que vamos bien). “La auto-culpabilidad” (porque el televidente es el culpable de su situación). “Conocer a los individuos mejor que ellos mismos” (el control de las masas, aplicando la psicología).

¡Ahora es el celular, la tableta y la computadora!

La tecnología avanzó, el individuo retrocedió. Si tomamos en cuenta la decadencia de las bases éticas y las conductas morales, la deficiencia de la educación pública y la caída del sistema de salud, originando la desintegración familiar y la violencia social, las redes sociales, a través de sus diversos instrumentos, han desconectado a millones, pero millones de mexicanos de su realidad.

Personas de todas las edades, principalmente infantes y jóvenes, pasan horas y horas “atrapados” por un celular, por una tableta o por una computadora hasta el grado de perder la interacción con su entorno social y familiar. Pero, lo peor, es que llegan a ser influenciados por fenómenos ajenos a un verdadero crecimiento humano, transformándolos en potenciales bestias humanas dispuestas a destruir, secuestrar, violar y matar.

Los hechos trágicos en el Colegio Cervantes de Torreón, en Coahuila, es solo una muestra de nuestra descomposición social. En lo político. En lo económico. En lo histórico.

La televisión y las redes sociales son el espejo, donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema sociocultural.

Vamos cayendo como seres humanos, vamos cayendo como familia, vamos cayendo como sociedad, vamos cayendo como país.

Todos contra todos, envueltos en la brutalidad de la violencia.

Y no cambiará pronto, porque somos una sociedad enferma.

¡Fracaso!— Cozumel, Quintana Roo.

arevalo61@yahoo.com.mx

Periodista

 

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