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Solo hay un Yucatán

Alejandro Legorreta
Alejandro Legorreta

 

La Riviera Yucatán

Alejandro Legorreta González (*)

Lo difícil no es aceptar cómo es uno, sino cómo es el resto de la gente —Albert Espinosa

En la última semana las declaraciones de Michelle Fridman, secretaria estatal de Turismo, sobre la situación de Progreso, despertaron toda una polémica en la prensa y entre los ciudadanos. Según reportes de las declaraciones, Michelle Fridman comentó que, dado el estado actual de Progreso, “es más fácil borrarlo del mapa y volverlo a construir”.

Como era de esperarse, las críticas no han cesado. Pero al margen de los matices de la declaración, que considero son muchos, creo que se animó una conversación en torno al modelo turístico de nuestro estado que me parece importantísima.

Aunque es cierto que Progreso no cuenta actualmente con el nivel de desarrollo para competir con los principales destinos turísticos del Caribe, estoy convencido de que el potencial de desarrollo existe, pero no solo en Progreso, sino en toda la costa yucateca, vista como un espacio integral de desarrollo turístico que no dependa de un solo polo.

El potencial de la costa radica, por supuesto, principalmente en las playas —unas de las más hermosas del mundo, a mi parecer— y en la biodiversidad. En esta zona se pueden observar los flamencos rosados, que son uno de los principales tesoros naturales de nuestro estado, y disfrutar de lagunas y ojos de aguas que son únicos en el mundo.

Hay que ser ambiciosos. El potencial turístico de la costa es enorme y puede ser aprovechado con un plan de desarrollo que contemple la costa que se forma entre Progreso, Sisal y Celestún (o, si me apuran, una Riviera Yucatán del Cuyo a Celestún).

El futuro del modelo turístico de nuestro querido estado no es un tema solo de voluntad, sino también de planeación. Para que sea exitoso, el plan de desarrollo debe partir primeramente de un diagnóstico serio de la región y contar con una estrategia de largo plazo. El desarrollo de los diferentes destinos de la Riviera Maya, por ejemplo, llevó tiempo. Poco a poco se fue acomodando la interacción entre la oferta y la demanda, poco a poco llegó la inversión extranjera y poco a poco, y en competencia, los servicios turísticos fueron mejorando. Analizar los aciertos y errores cometidos en el desarrollo de la Riviera Maya es una ventaja que tendríamos que aprovechar.

Segundo, tiene que haber inversión gubernamental en servicios públicos. Deben mejorar el tratamiento de aguas, las calles, el sistema eléctrico, la conectividad de internet, la recolección de basura y la seguridad pública para recibir más visitantes. A la vez, hay que procurar que el desarrollo de la costa sea sustentable y no ponga en peligro las riquezas naturales.

El objetivo principal de un plan de desarrollo de esta naturaleza es que la costa yucateca (Riviera Yucatán) se transforme en un lugar turístico para quedarse ya no en un lugar de paso, lo que aumentaría sostenidamente la derrama económica en el estado en el largo plazo. Como suelo reiterar en este espacio, Yucatán no solo cuenta con un presente sólido, sino con un potencial enorme. Este tipo de proyectos nos pueden ayudar a seguir ese camino y generar más oportunidades para todos.

Solo hay un Yucatán. Cuidémoslo y aprovechémoslo.

***

En menos de 280 caracteres: Al margen del contenido de las declaraciones, lamento profundamente el linchamiento mediático y social a una persona, Michelle Fridman, por no ser yucateca. Porque en el fondo ése, no lo que dijo, fue el principal problema. Y mejor ni me arranco con los tintes machistas y misóginos de algunos comentarios.— Mérida, Yucatán.

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