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Somos videntes de la Virgen

En la Basílica de Guadalupe se restringió el acceso a la iglesia y solo se permiten las visitas controladas a la imagen de la Virgen

Fernando Ojeda Llanes (*)

En el año 1531 la Virgen de Guadalupe se le aparece al indígena Juan Diego, de 57 años, del 9 al 11 de diciembre y el 12, además de su presencia, deja su Sagrada Imagen impresa en su tilma.

El 11 de febrero de 1858, en la villa francesa de Lourdes se aparece la Virgen María a una niña de 14 años llamada Bernardita. El 13 de mayo de 1917 en Cova da Iria, un lugar cerca de Fátima, Portugal, se aparece la Virgen María a tres niños pastores.

Todos hemos conocido a la Virgen de Lourdes y de Fátima por las preciosas pinturas y esculturas que fueron hechas por grandes artistas debido a la descripción que los niños “videntes” a quien se les apareció hicieron con gran detalle.

Pero en 1531 la Virgen María en su advocación de Santa María de Guadalupe nos deja Ella misma su Imagen, su fotografía para que la veamos tal como Juan Diego, por tanto también quiso que seamos videntes todos las que la contemplamos y veneramos. Esto quiere decir que Juan Diego solamente es su mensajero, porque todos los mensajes y palabras que dijo son para todos nosotros en forma directa como videntes.

Lo primero que dijo es que deseaba una casita para mostrarlo a Él que es el Salvador, a Él que es su Hijo, por tanto, es Nuestro Señor Jesucristo quien viene a México en el vientre de su Madre, Ella no es la que vino por sí misma, es Él quien pide a su Madre que lo traiga hacia nosotros por lo que todo lo que pidamos a Santa María de Guadalupe como intercesora llegará inmediatamente a su Santísimo Hijo.

Llegó para quedarse, no se ha ido, por eso quiso dejar su Sagrada Imagen para que siendo sus videntes podamos acudir directamente a Ella, gran intercesora como hizo en las bodas de Caná.

Dice a Juan Diego: “Yo me honro en ser tu madre compasiva, tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta Tierra y también de todas las variadas estirpes de hombres, los que me amen; los que me llamen, los que me busquen, los que confíen en mí. Porque ahí escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores”.

Ella se presenta como Madre de todas las naciones, este encuentro con el amor de Dios, por medio de la humildad de la sierva María, donde el amor reina en los que ponen su confianza en Ella, los que abren su corazón y son capaces de brindar ese mismo amor, es un encuentro directo y personal, superando toda división, toda barrera. La humanidad es la gran familia de Dios por medio de Santa María de Guadalupe.

Cuando Juan Bernardino, tío de Juan Diego, estaba gravemente enfermo y tiene que ir de madrugada a Ciudad de México en busca de un sacerdote, sale de su casa tratando de evadir a la Virgen para que no le distraiga el tiempo, pero la Virgen se le aparece y Juan Diego le da disculpas con toda sencillez y humildad. La Virgen le dice: “Escucha, ponlo en tu corazón Hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió, que no se perturbe tu rostro, tu corazón, no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante y aflictiva. ¿No estoy yo aquí, que tengo el honor y la dicha de ser tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Acaso tienes necesidad de alguna otra cosa? Que ninguna otra cosa te aflija, que no te inquiete; que no te acongoje la enfermedad de tu tío, porque él no morirá por ahora, ten por cierto que ya sanó”.

El tío Juan Bernardino efectivamente sanó y no solo eso, sino que fue a él a quien dio su nombre “Santa María de Guadalupe”.

En estos momentos difíciles que vivimos acerquémonos a Ella, somos sus videntes, la conocemos, recordemos la promesa en sus anteriores palabras, tengamos confianza y llamémosla en todo momento pidiendo nuestro bienestar y de todos con el nombre que Ella le dio al tío Juan Bernardino: Santa María de Guadalupe. Seguro Ella intercederá por nosotros ante su Amado Hijo Nuestro Señor Jesucristo.

Representante en Mérida del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos.

 

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