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Tercia de coaliciones

Antonio Salgado
Antonio Salgado

Alianzas rumbo al 2021

Antonio Salgado Borge (*)

Uno de los temas políticos del momento tiene que ver con las alianzas electorales. Aunque algunos detalles todavía están en el aire, dos bandos principales han asomado en el horizonte. Pero también hay un jugador emergente y más pequeño que busca aprovechar esta coyuntura para presentarse como el diferente. En este artículo argumentaré que estas uniones, al menos como se presentarán en 2021, son intentos de obtener pedazos de poder a cualquier costo.

PRIANRD

La coalición entre el PRI, el PAN y el PRD. De acuerdo con el dirigente nacional del PAN, el acuerdo preliminar para esta coalición implica que estos tres partidos presentarán candidatos en común más de cien distritos electorales. En este esquema, el PAN pondría los candidatos de 61 distritos, el PRI de 53 y el PRD de 44. Además, se estudia emplear un formato similar para las gubernaturas de Baja California, Baja California Sur, San Luis Potosí, Tlaxcala, Zacatecas, Colima, Nayarit, Sonora, y Michoacán (SinEmbargo, 07/12/2020).

Dos son las principales críticas a esta alianza. En primer lugar, es evidente que ésta se ha producido única y exclusivamente por fines pragmáticos. La idea de fondo es evitar que Morena arrase el próximo año —como lo hizo en 2018— y quitarle la mayoría en la cámara de diputados. Y es que, guste o no, la aprobación del presidente sigue siendo alta y todas las encuestas ponen a Morena muy por arriba de cualquier otro partido.

La segunda es que, aún si ponemos el tema ideológico entre paréntesis, los aliancistas no han podido o querido presentar un modelo de país; un programa en común que le diga al electorado qué ofrecen más allá de frenar a Morena y llevarnos de vuelta en términos políticos al México pre-2018.

Lo que es peor, la alianza implica que el PAN, surgido para combatir al PRI y rival electoral histórico en entidades como Yucatán, ahora tendrá que explicar por qué ha decidido aliarse con el partido que han presentado, no sin razones, como la encarnación de la corrupción. Hasta hace apenas unas semanas muchos panistas criticaban a Morena por supuestamente aliarse con el PRI y les llamaban despectivamente el PRIMOR. ¿Qué dirán ahora?

Pero ni la ideología, ni la falta de proyecto o modelo de país, ni el evidente corto circuito discursivo han sido suficientes para impedir esta alianza. De acuerdo con Marko Cortés, el dirigente nacional del PAN, 70% de los militantes de su partido están de acuerdo con ella. Es decir, lo importante es preservar posiciones o quitárselas a Morena.

Morena-PT-PVEM-PES

En la otra esquina, aunque más informe, se encuentra la coalición Morena-PT-PVEM-PES. Dado que estos cuatro partidos compitieron juntos en 2018, y considerando que en los hechos este grupo consiste en Morena y sus satélites, no es ninguna sorpresa que vuelvan a competir juntos en 2021.

El PVEM, el PT y el PES bailarán al son que les toque Morena. La condición de una figura central y distintos satélites, en combinación con el clarísimo proyecto de nación de AMLO y de Morena —puede gustar o no, pero poca duda puede haber de que es claro—, evita a esta alianza las críticas de falta de proyecto o modelo que enfrenta la alianza rival.

Pero no evita las críticas en el sentido ideológico o en el sentido del discurso. En el sentido ideológico, Morena arrastra al conservadorismo antiderechos del PES y al izquierdismo rupestre del PT. Al tenerlos como aliados formales, el partido del presidente se ve obligado a cederles espacios o a no confrontar directamente lo impresentable.

El sentido discursivo también implica un corto circuito. El PVEM es un partido francamente impresentable incluso para los estándares de la partidocracia mexicana —y vaya que esos estándares son bajos—. El “Verde” ha sido manejado como un negocio familiar dedicado a la venta de espacios y apoyos legislativos al mejor postor. Este partido, junto al PT, han cobijado casos de corrupción y postulado a candidatos impresentables. El discurso anticorrupción del presidente hará agua mientras camine de la mano de semejantes aliados.

MC et al

Las dos principales opciones para el electorado son, entonces, alianzas impresentables. En este contexto, destaca el anuncio de un partido de que no participará en alianza alguna. Movimiento Ciudadano (MC) ha afirmado públicamente que, al menos en 2021, competirá solo e impulsará un proyecto llamado “Evolución Mexicana”.

De acuerdo con Clemente Castañeda, su presidente en el papel, éste será el caso porque “en MC queremos construir un nuevo trato con las y los mexicanos, que rompa con las prácticas del pasado que tanto daño le han hecho a México. De cara a la elección federal de 2021, no vamos en alianza con ningún partido, porque representan ese pasado que no queremos”.

Según Castañeda, “la Evolución Mexicana es incompatible con lo que representan la clase política tradicional y los partidos políticos de siempre. La Evolución Mexicana la vamos a imaginar y a construir con las personas. Sólo con ellas existe la posibilidad de pensar en un país diferente”.

Para mostrar que esta “Evolución” va en serio, MC se ha acercado a organizaciones de la sociedad civil, como Ahora. Emilio Álvarez Icaza, senador independiente y líder de Ahora, dijo que aceptaba sumarse este proyecto porque busca dejar atrás el cochupo y terminar con la impunidad.

Franquicias

Todo lo anterior suena muy bien. El problema es que es difícil ver cómo esto puede ser cierto cuando MC ha cedido franquicias locales a grupos políticos con serias acusaciones de cochupo o corrupción y que, por ende, se han convertido en sus entidades en signos de la impunidad.

El caso de Yucatán es un clarísimo botón de muestra. Dante Delgado, el dueño de MC, decidió recientemente incorporar a Ivonne Ortega. Esto no es todo, Delgado claramente dio la franquicia de su partido en el estado a esta exgobernadora. De esta forma, el equipo de Ortega ya tomó control de toda la estructura local, motivó la renuncia de quienes antes estaban ahí y convirtió a MC en Yucatán, de facto, en el PRI de Ivonne Ortega con otro color y otras siglas. Al menos en algunos estados, la “Evolución Mexicana” es en realidad una “Involución Mexicana”.

En este contexto, es difícil creer el discurso de combate a la corrupción e impunidad de MC. Pero tampoco es claro que no hará alianza. El PRI de Ortega lo que se hace llamar MC en Yucatán, tiene todavía extensiones importantes en el PRI al que la exgobernadora renunció hace unos años. También tiene intereses en común con el PAN local, que actualmente es manejado por el gobernador Mauricio Vila.

De esta forma, en 2021 MC terminaría en los hechos operando a favor, y probablemente en coordinación, con el PAN y en coordinación con parte del PRI -aquella que aún responde a los intereses de Ortega. El que esto no se anuncie formalmente no lo vuelve menos real.

Conclusión

En 2021 las mexicanas y mexicanos deberán elegir electoralmente entre una de las grandes coaliciones formales o una pequeña alianza informal. En este artículo he argumentado que ninguna de estas coaliciones o alianzas es presentable; es decir, que ninguna opera funcionalmente a favor de las personas que busca representar.

Este escenario no sólo empobrece el panorama electoral, sino que puede contribuir a incrementar el desencanto democrático que existe en nuestro país. La única luz de esperanza está colocada en las figuras destacables y rescatables de los partidos implicados. Por fortuna, las hay. Por desgracia, no es del todo claro que éstas terminen apareciendo en las boletas o incidiendo en sus partidos el próximo año.— Edimburgo, Reino Unido

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

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