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Tolerancia cero al acoso en la Uady

Manifestación efectuada ayer en Mérida por alumnos de la Uady contra el acoso sexual que sufren

Un problema que se debe investigar a fondo

Silvia González Romero (*)

La campaña “Uady sin acoso”, que cobra más fuerza cada día, pone el foco de atención en una práctica común y extendida en la sociedad yucateca: el acoso y abuso sexual.

Éstos delitos, solapados generalmente por temor o indiferencia, siguen avanzando en instituciones públicas y privadas, clubes deportivos y universidades.

Acoso y abuso sexual abarca lo siguiente:

1) Contar chistes sexuales o sucios.

2) Mostrar o distribuir dibujos o fotos sexualmente explícitos.

3) Cartas, notas, correos electrónicos, llamadas telefónicas o material de naturaleza sexual.

4) Sonidos o gestos sexualmente sugestivos.

5) Amenazas o sobornos directos o indirectos para una actividad sexual.

6) Comentarios sexuales sobre la ropa de una persona, su anatomía.

7) Pedir repetidamente a una persona tener relaciones sexuales.

8) Preguntas repetidas sobre la vida sexual personal.

9) Tocamientos. Besos, abrazos, caricias y roces no deseados.

10) Asalto sexual, abuso y violación.

El depredador suele perpetrar su abuso aprovechando su posición de poder, ofreciendo o amenazando a su víctima, es decir, extorsionándola.

La reacción de la víctima en la gran mayoría no es huir o luchar, según el psicólogo Martín Antony, de la Universidad de Ryerson, Canadá. “Paralizarse es una respuesta común a una amenaza y generalmente los victimarios son personas que la víctima conoce y que ese mismo hecho contribuye a la reacción de parálisis”, dice.

Así que el que la víctima se paralice y sea incapaz de decir ¡no!, no implica un sí.

El que no veamos con frecuencia campañas y denuncias en contra del abuso y acoso no se debe a su bajo índice en nuestro estado, sino a la falta de cultura de denuncia de éstos delitos y a las consecuencias psicológicas, como la vergüenza que carga el abusado y que lo lleva a mantenerlo oculto.

Otro factor es la falta de sensibilidad de las autoridades con estos temas. Gracias al avance social y a campañas como el #me too muchos y muchas se atreven a denunciar porque su voz ya es un poco más escuchada.

Un puesto de poder: director, entrenador, profesor, jefe etc., que tienen bajo su responsabilidad a hombres y mujeres, puede resultar para gente dañada un semillero de posibles víctimas.

La falta de escrúpulos, de moral, de educación, de honestidad, de valores, de salud mental en personas con cargos que involucren a otros jóvenes y adultos ha dado cómo resultado un altísimo índice de abusos sexuales.

Todos sabemos que estas prácticas de pedir un favor sexual a cambio de otorgar un trabajo, un aumento de sueldo, pasar un examen, es el pan nuestro de cada día en las instituciones, tanto de gobierno como empresas privadas, universidades, clubes deportivos, y un largo etcétera.

Les pedimos a nuestro gobernador Mauricio Vila y a nuestro alcalde Renán Barrera tolerancia cero a estos delitos en instituciones que tienen a su cargo. Que sean cesados inmediatamente aquellos que se aprovechan de su cargo y presionen con amenazas a quienes se nieguen a sus demandas sexuales.

Pedimos que el caso de la alumna de la Uady sea investigado exhaustivamente y todos aquellos que sean denunciados deben recibir el castigo que se merecen, en caso de resultar culpables. Silvia González Romero.— Mérida, Yucatán

silviaglezr@hotmail.com

Presidenta de Voces de Prevención

 

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