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Tragedia de ser pobre

Un fenómeno complejo

Guillermo Fournier Ramos (*)

Tras el alto impacto que ha tenido la crisis de salud pública generada por el nuevo coronavirus, los efectos adversos sobre la economía ya comienzan a resentirse.

Todos los países afectados por la pandemia, en mayor o menor medida, tendrán importantes caídas en su crecimiento económico según las estimaciones.

El desempleo también repuntará a pesar de los esfuerzos de las autoridades gubernamentales; eso sí, los estímulos fiscales y la aplicación de programas sociales agresivos harán una diferencia de peso en el afán por evitar que las familias caigan en la pobreza. Sin embargo, tardaremos en superar la crisis económica que amenaza con prolongarse.

Acontecimientos como la propagación de este terrible virus con sus consecuencias sociales y económicas nos hacen recordar la particular condición de vulnerabilidad que aqueja a las personas que viven en pobreza.

Reflexión necesaria

Ciertamente, las acciones del gobierno local para apoyar a las familias durante la fase del encierro son plausibles y han fungido como paliativo para aliviar las necesidades inmediatas de miles de personas. Empero, considero que debemos llevar al cabo un ejercicio de reflexión profunda para obtener algunas lecciones respecto de la pobreza; replantearnos este problema puede ayudar a generar estrategias novedosas. Quizá la crisis de la Covid-19 nos abra una oportunidad de hallar respuestas a determinadas asignaturas pendientes.

Como afirma el economista Amartya Sen, la pobreza no se limita a la carencia de recursos económicos, sino que es una gran tragedia en la medida en que impide el pleno desarrollo del potencial de los seres humanos. Así, seguramente cada generación pierde a científicos brillantes, artistas extraordinarios y médicos eminentes, por la simple razón de que los niños y niñas con el talento para convertirse en estos personajes no cuentan con las oportunidades económicas para lograr su cometido.

Muchas veces, la pobreza en el mundo imposibilita que las personas accedan a bienes como la educación, la salud o la alimentación: no hay nada más caro en el mundo que ser pobre.

Con frecuencia, se escucha que los gobiernos son los únicos responsables de combatir la pobreza. Es verdad que el Estado tiene el mandato de asegurar que sus ciudadanos cuenten con servicios básicos, seguridad y acceso a ciertas prerrogativas.

Asimismo, existen en los países políticas públicas dirigidas a atender las necesidades de las poblaciones más vulnerables. Hay buenas prácticas que, sin duda, consiguen resultados llamativos. En Yucatán, se han desplegado en los últimos años programas enfocados a promover la agricultura, el derecho a la vivienda y la mejora de servicios de agua potable, por mencionar algunos.

Sin embargo, siendo que la pobreza es un fenómeno complejo y estructural, es indispensable que la iniciativa privada, la sociedad civil organizada y la sociedad en general, unan esfuerzos para crear una sinergia que mejore la calidad de vida de las personas en situación de precariedad.

El emprendimiento y la innovación se vislumbran como elementos relevantes en el combate a la pobreza. Las escuelas y universidades deben fomentar la creatividad entre sus alumnos.

Es crucial que haya incentivos para que las niñas y niños piensen en grande e imaginen ideas que se conviertan en proyectos concretos que transformen su comunidad. Las empresas y fundaciones juegan un rol como impulsores del talento con estrategias que buscan dar oportunidades a futuros emprendedores.

Los jóvenes estudiantes que hoy sueñan con optimismo, mañana pueden ser los empresarios que brinden miles de empleos y detonen el desarrollo económico.

Otra área de oportunidad consiste en alcanzar la auténtica igualdad entre hombres y mujeres en el plano profesional, económico y social. Urge dejar atrás los lastres culturales relacionados con la discriminación por género. Las niñas merecen las mismas oportunidades que los niños para ir a la escuela y recibir una educación de calidad.

Del mismo modo, las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres a elegir una profesión y recibir una remuneración justa por su trabajo. Si conseguimos por fin darle las mismas oportunidades a mujeres y hombres, con certeza, contaremos con muchas más emprendedoras, lideresas y filántropas.

Como asegura Melinda Gates, la esposa de Bill Gates: “Una sociedad con mujeres empoderadas es una sociedad que se dirige hacia la prosperidad”.

En general, es imprescindible que comprendamos la complejidad del fenómeno de la pobreza y asimilemos que no hay soluciones mágicas ni inmediatas para revertir este doloroso mal.

Para idear estrategias y políticas públicas efectivas, debemos desechar mitos absurdos como que la gente pobre no es trabajadora o carece de talento. Nada más falso.

Las personas que viven en situación de precariedad, a menudo, carecen de opciones.

Entonces, si nos ocupamos como sociedad en sentido amplio de promover una real inclusión y luchamos por construir un entorno de oportunidades para todos, poco a poco iremos encontrando respuestas a las diferentes causales que se traducen en pobreza.

Imaginemos un mundo mejor y colaboremos para construirlo.— Mérida, Yucatán.

Fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

Felices, pero con cautela