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Un 8 de enero cualquiera: México y España

Editorial

Similitudes hasta en las crisis

Javier Caballero LENDÍNEZ (*)

8 de enero. En Madrid, en el barrio de Hortaleza, un trineo tirado por varios perros se abre paso entre automóviles blancos.

Calles arriba y calles abajo, la cámara de un celular sigue la trayectoria, la cual retumba en redes sociales y los noticieros en cuestión de minutos y se viraliza sin remedio.

En otra parte de Madrid, personas esquiando en parques o enganchadas a las cajuelas de los automóviles haciendo “snow” o una especie de “skimo” o esquí de travesía en mitad de la Puerta del Sol, ríen mientras la nieve sigue acumulándose. La capital, todo hay que decirlo, está poco habituada al paisaje blanco y calado de este calibre.

Carreteras de la comunidad de Madrid y castellanoleonesas, entre otras, acogen a cientos de automovilistas sorprendidos por la agresividad del temporal.

La expectativa: una o dos noches durmiendo y conviviendo dentro de las unidades hasta que amaine, vamos, un confinamiento selectivo en toda regla y con menos espacio.

Filomena, la borrasca que ha hecho sangrar de frío a medio país en mitad de una pandemia, cuya tercera ola confirmada tras las festividades apenas comienza, sigue dando el do de pecho en algunas zonas y colapsando una sociedad de por sí maltrecha desde hace más de nueve meses.

En Andalucía, donde el temporal se sintió menos intenso, hubo nieve en cotas más elevadas de algunas ciudades, pero sin tanta saña. Eso sí, en zonas como Granada, el 8 de enero de 2021 el silencio fue, curiosamente, ensordecedor. Porque eso es lo que ha traído una pandemia: silencio, bocas tapadas y esperanzas rotas.

En las calles no hay ruido, no hay abrazos, no hay pláticas espontáneas frente a un portal, ni manos calientes entrelazadas. Por no haber, no hay ni ojos rasgados por las sonrisas.

La quiebra total

Eso sí, hay —y de sobra—cientos de negocios tradicionales totalmente quebrados y muchos otros tratando de resistir el embate de un virus desolador, y la praxis de un gobierno central sin ideas, ni recursos, ni cabeza. Cualquier parecido con el despropósito del gobierno central mexicano no es pura coincidencia, es tónica.

En Granada, la gente está aprovechando unas rebajas que llegan como agua de mayo para miles de empresarios, que piensan que ojalá este tiempo venza en el duelo a muerte a una pandemia que se hace fuerte en la adversidad.

Réquiem

Todo está mal. Ni en los peores tiempos se arregla un desaguisado mundial de tal calibre, que ha desbordado a todos y ha demostrado, especialmente, la incapacidad y falta de preparación de políticos de medio mundo. Acostumbrados a la adoración por una cara, unas ideas vacías y una verborrea repleta de forma —pero sin ningún fondo— son copias baratas de un maniquí.

A la dificultad de gobernar en tiempos de crisis y tratar de parchar cada decisión con una curita raída por decisiones estúpidas y sinsentidos esperpénticos más parecidos al reloj icónico de Dalí que a una decisión sustentada, se unen las disensiones internas por descubrir en el tablero de ajedrez qué funciones debe tener la administración de los estados (comunidades autónomas en España) y qué el gobierno central.

El resultado, obviamente, es tan falto de sentido que demuestra una vez más que los políticos que nos dirigen no tienen la suficiente capacidad de hacerlo, por mucho que traten de demostrarlo. Sencillamente, les queda grande el saco.

Al fin y al cabo, México y España no son tan diferentes hasta en las crisis, ¿no?— Cortijo Vistalegre, Almenara (Jaén).

Periodista español de Grupo Megamedia

 

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