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Un buen ejemplo es capaz de enseñar más que mil palabras

Antonio Alonzo Ruiz

Uno, dos, tres… por la adultez

Antonio Alonzo Ruiz (*)

Haciendo una breve síntesis de mi ya largo recorrido por la tierra del “siempre acertarás”, recuerdo que Templanza, mi buena amiga y gran Maestra, prometió presentarme a tres gigantes que me ayudarían a ser dueño de mí mismo.

Viene a mis recuerdos que, caminando aún junto a Templanza, se me acercó un atrayente personaje, de alta estatura y refinada silueta, que de gentil manera me dijo:

“¡Hola amigo! Te doy de nuevo la bienvenida al Valle de los Deseos, el más difícil de recorrer en la tierra del ‘siempre acertarás’”.

Recuerdo bien sus palabras: “En tu camino encontrarás dos puertas, una baja y estrecha, la de la Virtud; otra, ancha y majestuosa, la del Vicio, y elegir por cuál entrar será tu entera responsabilidad”.

Sin duda, Sobriedad, esta nueva amiga y Maestra, era uno de los tres gigantes que me ayudarían a ser dueño de mí mismo.

Ya dentro del camino de la Virtud, lo recuerdo con claridad, sentí que alguien, muy de cerca, me seguía y pregunté: “¿Sobriedad?”.

“No soy Sobriedad. Mi nombre es Mansedumbre. Si me sigues aprenderás que la Mansedumbre te da riqueza de pensamiento y generosidad en la acción, te hace lento a la cólera y pronto para la Virtud”.

Estaba ya, querido lector, frente al segundo gigante de la Virtud y con un simple gesto, como solo saben hacer los verdaderos Maestros, me invitó a seguir su ejemplo y no solo sus palabras.

Antonio Alonzo Ruiz, psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. @delosabuelos. WhatsApp: 9993-46-62-06. Facebook: Antonio Alonzo.

 

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