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Un día sin mujeres

Editorial

Basta de violencia, ni una más

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

¿En algún momento hemos pensado los hombres qué pasaría si un día completo las mujeres no salen a las calles y dejan de ir a la oficina, al supermercado a las universidades, a las escuelas y no hacen nada en la casa y todo se lo dejan al hombre?

Tal vez un caos, porque ellas son parte fundamental del hogar y de la sociedad al participar activamente en ambos espacios. Quizá no las hemos valorado y por eso no vemos la dimensión de los estragos que surgirían si las mujeres hicieran un alto en sus actividades cotidianas.

Pero estamos cerca para ser testigos de lo que sucederá este lunes 9 de marzo —un día después de una marcha para celebrar el Día Internacional de la Mujer—, pues ellas y diversas organizaciones feministas han acordado que ese día habrá 24 horas sin ellas: “un día sin nosotras”, “un día sin mujeres”.

Debido a las agresiones y a la violencia que muchas mujeres viven en el hogar, en las calles y los feminicidios que cortan de tajo la vida de niñas, adolescentes y jóvenes, las mujeres y diversos organismos han convocado a estar un día de brazos caídos. Es decir, a no realizar las actividades cotidianas en el trabajo, la casa y la comunidad.

Sin lugar a dudas, esto será un gran impacto en la sociedad al no estar presentes las mujeres en oficinas, escuelas, universidades, en los supermercados, centros recreativos y otros lugares a los que asiste y participa cotidianamente.

Es importante poner los ojos en las actividades que realiza a diario la mujer y lo importante que es para el hogar y la sociedad, pero sobre todo valorarla y valorar ese esfuerzo, esa entereza para hacer lo que hace día tras día.

Muchos hombres piensan todavía que es obligación de las mujeres los quehaceres del hogar, sin reflexionar que como pareja pueden ayudar y compartir esas responsabilidades, pues ambos viven en la casa y los beneficios son para todos los integrantes de la familia.

Lo lamentable es que no reconocemos ese esfuerzo, ni lo valoramos. No hay palabras de aliento, ni de estímulo, menos de agradecimiento por lo bien que lo hace, sin embargo, en ocasiones lo que hay son críticas duras o menosprecio a esa labor cotidiana.

No es obligación de las mujeres hacer todas esas actividades en el hogar, hasta extenuarse y desesperarse. Es una responsabilidad de dos y aquí es donde los hombres debemos reflexionar para modificar conductas y reeducarnos para mirar de otra manera a la mujer, valorarla y apoyarla en esas actividades para el beneficio de todos.

Urge que los hombres abramos los ojos y veamos el valor de las mujeres como madres, amas de casa, obreras, secretarias, profesionales y parejas. Y ante esto merecen total respeto y admiración, no agresiones, ni ofensas, ni violencia.

Por eso es necesario derribar los muros machistas que tengamos y enfrentarnos al reto de compartir con ellas las responsabilidades del hogar y, sobre todo, valorarlas por su participación en la sociedad.

¿Por qué entonces tratarlas mal, minimizarlas, discriminarlas, ofenderlas, agredirlas, golpearlas e incluso matarlas?, ¿qué monstruo machista nos lleva para someterlas a agresiones denigrantes y acuchillarlas o estrangularlas?

Las mujeres piden respeto a sus derechos y dignidad. Nadie tiene derecho a maltratarlas, ofenderlas y agredirlas salvajemente.

Son seres humanos que participan en el avance de la sociedad y como tales merecen el reconocimiento de todos.

No es menos hombre si uno es caballeroso o atento con una mujer, si la ayuda en casa en los quehaceres domésticos, si cocina o lava los trastos. Todo lo contrario. Si en el ayer había los falsos pensamientos de que el hombre es el fuerte y la mujer la débil, en la actualidad esos mitos han caído por su propio peso, pues a diario comprobamos la fortaleza de las mujeres para realizar muchas actividades en el hogar y fuera de éste, incluso cuando están enfermas.

La voz de las mujeres se escucha fuerte. Ya no quieren más violencia, ni agresiones, ni ofensas, ni muertes. “Ninguna más”, “basta de violencia contra nosotras”, es el grito femenino que enarbolan para hacerse oír. Ya llegaron a un límite y exigen respeto y justicia. Por eso las marchas, por eso los plantones, por eso las consignas, por eso la convocatoria para un día sin ellas.

Este lunes 9 veremos los estragos que habrá al no haber mujeres en las calles, las escuelas, los supermercados, en las oficinas. Ellas luchan por su dignidad, derechos y justicia. Basta de violencia contra las mujeres, ni una más maltratada o asesinada.— Mérida, Yucatán

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

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