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Un gobierno muy costoso

Columna 7 Por Franklin Recio (*)

Cuando aumentan los casos de Covid-19, un gobierno puede imponer un confinamiento para disminuir los contactos. Esto impone una barrera en el lado de la oferta de trabajo, que limita tanto la actividad económica como la expansión de la enfermedad. Conforme ocurre la medida, los inventarios de productos bajan, hay empresas que cierran y eventualmente familias se quedan sin fuentes de empleo. Esto genera presiones sociales para que el confinamiento se suavice, con lo que mas personas se exponen a la enfermedad, alimentando la necesidad de nuevos confinamientos.

Los confinamientos no son del agrado de los gobiernos, pero son una herramienta para luchar contra una enfermedad. Si son demasiado cortos, no se alcanzarían a completar los objetivos y los costos tanto sociales, como en salud y económicos serían muy altos. Una cosa es clara, sin confinamiento, los contactos entre personas continúan expandiendo la enfermedad y eventualmente una sociedad colapsaría.

Por otra parte, hay herramientas para atender la falta de empleo por el confinamiento como los estímulos a la oferta, a la demanda o ambos. Se apoya la oferta cuando hay estímulos fiscales o de otro tipo a las empresas que mantengan a sus empleados. Y un apoyo a la demanda podría ser como en Estados Unidos, donde cada ciudadano recibe su cheque del gobierno, cada quince días, independientemente de que estén con empleo o no.

La mayoría de los países avanzados han tomado decisiones de apoyo claro y contundente para sus economías. México implementó una serie de medidas como la disminución de la tasa de interés, negociar una línea de crédito con la Fed por 60 mil millones de dólares y al mismo tiempo negociar contratos de swaps para extender la maduración de contratos y mejorar la posición de liquidez. Sin embargo, de manera directa, México solo apoya con 0.7% del PIB a la población, mientras que otros países como Francia aportan el 15.2%.

¿Qué se sugiere entonces? Primero, cero gastos en proyectos sin rentabilidad clara y respeto a las institucionesque equilibran el poder del gobierno. Segundo, incremento de gasto en salud, ciencia y tecnología. Tercero, una disminución general del cobro de impuestos que equivaldría a un estímulo a la demanda, por ejemplo, bajando el IVA a 10% en todo el país. Cuarto, trabajar en conjunto la iniciativa privada y el gobierno para vacunar a 100 millones de mexicanos en menos de 100 días. Quinto, podría protegerse a la población vulnerable con apoyos directos, pero libres de cualquier promoción de partido.

Hay soluciones para compensar los efectos del confinamiento por esta enfermedad. Se observa una falta de liderazgo para tomar mejores decisiones. Es momento que México despierte, ¿no cree usted?— Mérida

Doctor en análisis estratégico y desarrollo sustentable por la Anáhuac campus Mayab

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