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Un monumento de corrupción

Editorial

El paso deprimido

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

Es muy común que La Glorieta de la Paz, lugar conocido como el “paso deprimido”, se cierre unos días por inundaciones cuando llueve y se suspenda el tránsito vehicular, pero en esta ocasión con las lluvias intensas de la tormenta “Cristóbal” se inundó y se cerró el lugar durante varias semanas.

El “paso deprimido” es una obra que nació con muchos defectos de origen, desde su planeación vertical y autoritaria de los funcionarios municipales de esa época, pasando por la sordera de las mismas, que no escucharon a los especialistas y profesionales en estos rubros de construcción, menos las opiniones de los ciudadanos.

Luego las deficiencias de construcción se hicieron notar desde los primeros días de uso. Encharcamientos y fisuras fueron los primeros descubrimientos de las deficiencias de construcción de este paso vial de la Prolongación de Montejo.

Fueron más los beneficios económicos que obtuvieron algunas autoridades que los beneficios para los meridanos. De aquí las protestas e inconformidades en contra de esta visión que tuvo la alcaldesa Angélica Araujo y sus asesores, claro con el apoyo de su amiga, en ese entonces gobernadora de la entidad, Ivonne Ortega Pacheco.

La alcaldesa en ese entonces siempre rehuyó al dialogo y a escuchar, ya no digamos analizar las opiniones y argumentos de los grupos de arquitectos en la entidad y de los especialistas. Quiso siempre imponer su opinión y decisiones sobre esta construcción, hizo caso omiso a los señalamientos por la falta de funcionalidad de la obra y a los daños culturales y del medio ambiente.

Triste día

Además, ante las protestas pacíficas de los ciudadanos aquel triste y sangriento 4 de julio de 2011, hizo gala del abuso de autoridad, de la fuerza y el autoritarismo para disolver esa presencia de personas con violencia de un grupo de vándalos, con la complicidad de la policía local y, una vez más, de la gobernadora Ivonne Ortega.

Después de la brutal agresión, cuyas fotografías publicadas en el Diario impactaron a la sociedad meridana y yucateca en general, el silencio de las autoridades y el tratar de confundir a la gente con versiones oficialistas sobre el suceso fueron las características de la aplicación de la justicia. Ante las duras críticas y denuncias de los ciudadanos surgieron algunos “chivos” expiatorios que fueron sancionados, sin aplicarles el rigor dela ley que merecían por esos actos violentos.

Así como el suceso violento es recordado cada 4 de julio, así la obra impuesta por las autoridades municipales y la alcaldesa Angélica Araujo queda para ser recordada cada vez que llueve, por el estancamiento de agua que se genera en el lugar o cuando pasan los ciudadanos y ven la construcción que contrasta con la arquitectura de casas y edificios que están cerca del lugar.

No hubo calidad en la construcción, ni calidad arquitectónica. Fue más una obra comercial, sin analizarla, ni planear su funcionalidad. No hubo estudios profundos y serios sobre la vialidad y de los suelos. La misma Procuraduría Federal de Protección al Ambiente multó a la constructora y al Ayuntamiento por no tomar en cuenta el impacto ambiental.

Había que hacerla, terminarla y gozar de los privilegios económicos que dejaba la construcción. No dudamos que varias autoridades se beneficiaron y la misma empresa constructora con una obra sin funcionalidad y que no estaba de acuerdo con la arquitectura del entorno.

Ahora, con las lluvias intensas de la tormenta “Cristóbal” el “paso deprimido” quedó como una gran piscina que hubo que cerrar desde que cayeron las primeras lluvias porque podría ser un peligro para los conductores. Y ante la avalancha de agua se amplía el tiempo de inactividad vial en ese lugar, porque además de sacar el agua se requerirán reparaciones y acondicionamiento por las grietas, fisuras y fracturas.

Gasto millonario

Es lamentable que un gasto millonario en esa construcción no sea funcional para los meridanos, además de ser una carga constante para el erario municipal en determinados momentos por la baja calidad en la construcción.

El “paso deprimido” queda en la historia de las construcciones hechas “al vapor” y sin calidad, como muchas que se hicieron en los tiempos de la alcaldesa Angélica Araujo y de la gobernadora Ivonne Ortega —amigas entrañables que gobernaron juntas—, como un monumento al autoritarismo, al abuso y a la corrupción.

Sin embargo, no hubo investigaciones serias, ni castigos. Es más, se les protegió con legislaturas.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

 

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