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Un pájaro, dos tiros

Ganadores y perdedores del voto secreto antiderechos

Antonio Salgado Borge (*)

Si el espíritu o razón de ser del Poder Legislativo local fuese un pájaro, la mayoría de quienes integran al actual Congreso de Yucatán y el gobernador del estado podrían haberlo matado esta semana de dos tiros.

El primero de estos disparos es la votación secreta empleada para rechazar el reconocimiento pleno al matrimonio igualitario; un método que buscó cancelar la posibilidad de conocer, cuestionar o llamar a cuentas a quienes por definición tendrían que representarnos. El segundo disparo es la aprobación irreflexiva y casi automática del Poder Legislativo de una nueva deuda multimillonaria solicitada por otro poder —el Ejecutivo— del que el Congreso tendría que ser un contrapeso.

Las huellas de los individuos que constituyen actualmente los dos poderes mencionados son reconocibles en cada uno de estos tiros simultáneos. Por ende, para deslindar responsabilidades —un ejercicio indispensable cuando lo que se busca es una verdadera democracia—, es necesario separar para fines analíticos cada disparo.

La votación secreta

En esta ocasión me centraré en la votación secreta. Dado que la intención de este método fue intentar legislar en la oscuridad para evitar costos políticos, me parece que la mejor forma de hacer frente a esta herida pasa (a) por explicitar el sentido del voto de cada persona y (b) por reconocer quiénes ganan y quienes pierden tras lo ocurrido.

Ganadores y perdedores

(1) Ganan políticamente, en primer lugar, las diputadas y los diputados que mostraron el sentido de su voto. Aunque quienes dirigen al PRI y al PAN en el Congreso acordaron que el método de votación fuera nuevamente por cédula —voto secreto—, cada diputado o diputada que así lo hubiera deseado tenía la oportunidad de asumir una posición verdaderamente democrática mostrando el sentido de su voto.

Así lo hicieron las priistas Janice Escobedo, Karla Franco y Lila Frías, el perredista Alejandro Cuevas y la panista Kathya Bolio. Especial mención merece la diputada del PAN. El grave error de no asistir a la votación de abril le valió a Kathya Bolio fuertes críticas —incluidas las expresadas en este mismo espacio—. Sin embargo, en esta ocasión esta diputada fue congruente con su discurso y no sólo asistió, sino que votó en sentido contrario al de toda su bancada.

(2) Las diputadas de Movimiento Ciudadano: Silvia López Escoffié y Milgros Romero Bastarrachea supieron, como nadie, aprovechar el momento para convertirse en las voces proderechos en el Congreso. Más allá de sus posiciones presentes o pasadas en otros temas —ambas legisladoras aprobaron, por ejemplo, el multimillonario endeudamiento y participaron así en el segundo de nuestros disparos—, es evidente que ambas legisladoras han resultado premiadas por su posición firme y decidida a favor el matrimonio igualitario. Un buen número de personas, sobre todo jóvenes, han expresado su respaldo y reconocimiento a estas diputadas por su postura.

(3) Ganan también las mujeres en el Congreso. 4 de las 5 personas que mostraron el sentido de su voto y honraron su papel de legisladoras fueron mujeres. Además, de acuerdo con un análisis de Diario De Yucatán, de las 9 personas que votaron a favor del reconocimiento pleno del matrimonio igualitario, sólo 3 fueron hombres.

Lo anterior implica que si sólo hubieran asistido diputadas a la sesión del lunes, probablemente el matrimonio igualitario hubiera sido aprobado por un voto. Es evidente que las mujeres estuvieron a la altura de las circunstancias; los hombres, no. Todo lo anterior debe ser considerado una muestra más del cambio de visión en materia de derechos humanos, democracia y responsabilidad que implica la mayor participación de mujeres en la arena política local.

(4) Aunque perdieron la batalla, avanzan en su lucha las personas que defienden la causa proderechos. Si bien la votación les fue adversa, quienes han defendido el reconocimiento pleno del matrimonio igualitario en Yucatán tienen razones para ser optimistas.

Alto costo

El costo político de la posición antiderechos está cerca de ser impagable. Prueba de ello es el radical cambio de discurso del PRI de abril a julio y el silencio del PAN en las vísperas de la votación del lunes pasado. Es previsible que en alguna de las próximas dos legislaturas, el matrimonio igualitario sea, por fin, plenamente reconocido en Yucatán.

(1) Pierde, en primer lugar, el PAN Yucatán; sin duda el partido más identificado con la posición antiderechos en este caso. Evidencias de ello son el voto secreto contra el matrimonio igualitario de toda la bancada de ese partido, con excepción de Kathya Bolio.

Dado que ente 7 y 8 de cada 10 personas menores de 35 años están a favor del reconocimiento sin reservas del matrimonio igualitario, es fácil ver que la abolladura que estos eventos han representado para el PAN local es cosa seria. Es probable que sus candidatos o candidatas en 2020 tengan que hacer malabares para lidiar con esta mala imagen o para evadir, como lo hizo Mauricio Vila en 2018, posicionarse con claridad al respecto.

Pierden en lo personal, sobre todo, Rosa Adriana Díaz Lizama, coordinadora de ese partido en el Congreso y la voz antiderechos más visible en el estado. Pero también Manuel Díaz —en una democracia declaraciones como las suyas hubieran terminado la carrera política de cualquiera—.

(2) Pierde el PRI Yucatán. Durante la primera votación sobre el matrimonio igualitario, la posición del PRI no fue muy distinta a la del PAN. Sin embargo, este partido logró reconocer el enorme costo político que su voto antiderechos representó.

En consecuencia, el discurso priista se transformó radicalmente en uno proderechos. Pero esto no fue suficiente, porque la mayoría de la bancada de ese partido votó contra el matrimonio igualitario y en secreto; esto es, el resultado de la votación hizo ver al discurso proderechos del PRI como un intento tramposo y desesperado de evitar el costo político.

Alguien podría decir que las legisladoras y legisladores del PRI fueron dejados en libertad para votar sin “línea”. Pero, la neutralidad de sus dirigentes es ya una posición, pues es claro que el PRI vota normalmente como bloque.

Particularmente lastimada terminó la imagen de Felipe Cervera, coordinador de la bancada priista en el Congreso. Cervera cambió radicalmente el tono de su discurso y reconoció que el matrimonio es un derecho humano y que no hay nada más que discutir en este tema.

Sin embargo, el estimado de Diario de Yucatán y el de todos los análisis serios ubica a Cervera entre quienes votaron en contra. Cervera tuvo la oportunidad de mostrar el sentido de su voto y prefirió no hacerlo. Además, la bancada del PRI hubiera votado uniformemente a favor del matrimonio igualitario si su coordinador así lo hubiera determinado.

(3) Pierde Morena Yucatán. Este partido estaba ante una oportunidad dorada para posicionarse como la principal opción progresista en el estado. Pero esta oportunidad fue enviada al subsuelo por sus diputadas y diputados. Probablemente por la secrecía del método, esta semana su voto fue en contra. Que este es el caso es respaldado por su miedo a mostrar el sentido de su voto y por sus nulas declaraciones antes de la votación.

Pero, sobre todo, si las diputadas y diputados de Morena hubieran querido, su partido se hubiera convertido en la voz de los derechos humanos en el Congreso; sin embargo, optaron por no hacer olas. La neutralidad es ya una toma de posición, y cuando se trata de derechos humanos, una toma de posición claramente conservadora.

La directiva local de Morena ha expresado su inconformidad ante el actuar de sus legisladoras y legisladores, pero mucho trabajo le queda por delante para corregir los daños políticos que por ahora le han generado a su partido. Y es que por el momento es difícil ver cuál es la diferencia entre Morena y el PRI y el PAN en Yucatán.

(4) Finalmente, pierde capital político importante Mauricio Vila. En Yucatán, el gobernador suele tener un peso decisivo, por no decir control absoluto, sobre las personas que integran la bancada de su partido. Con frecuencia, ese peso se extiende a partidos que, aunque nominalmente de oposición, terminan pactando o acomodándose con el gobierno en turno. En todo caso, cuando menos el voto del PAN no se explica sin la dirección, aprobación o respaldo total del gobernador.

Lo importante aquí es que salvo un giro de 180 grados durante la próxima legislatura, Mauricio Vila tendrá que arrastrar el peso de lo ocurrido en su ruta política. Y es que la cobertura en medios nacionales de la forma en que se rechazó el reconocimiento al matrimonio igualitario ha sido tan amplia como crítica.

El uso de la votación secreta fue reportado por los medios más influyentes del país, entre los que se encuentran “Reforma”, “El Universal”, Aristegui Noticias, Sinembargo.mx, “Forbes”, “Proceso”, Animal Político o “Excelsior”, por citar sólo algunos ejemplos.

A ello tenemos que sumar los artículos críticos en medios nacionales, como el de Genaro Lozano en Reforma —cito: “Mauricio es panista y representa al ala mayoritariamente conservadora de su partido”; el de Luis Herrera en “El Financiero” —“Yucatán: Seguro y retrógrado” o el de quien escribe esta columna en Sinembargo.mx: “lo ocurrido en el Congreso local muestra el estado de la democracia y del respeto a los derechos humanos en un estado gobernado por un individuo —Mauricio Vila— que aspira a ser candidato del PAN a la presidencia”.

En conclusión, si el espíritu del Poder Legislativo local fuese un pájaro, la mayoría de los diputados locales y el gobernador del estado podrían haberlo matado esta semana de dos tiros. Uno de estos tiros fue votar en secrecía. Para desgracia de los tiradores, las cosas no salieron por completo como esperaban y, gracias a la presión del público y al periodismo local y nacional, es posible determinar quiénes ganarán y quienes perderán tras lo ocurrido.— Edimburgo, Reino Unido.

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

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