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Un tiempo para compartir la vida

Foto: Megamedia

Pastoral de la Salud

Para mucha gente comienza el tiempo de las vacaciones de verano. Un tiempo para convivir un poco más con la familia, con los amigos, para contemplar los hermosos atardeceres o simplemente para descansar de los ruidos y movimientos de la ciudad.

¿Qué significa descansar? Significa, ante todo, hacer una pausa, pararse, detenerse; significa respirar, ser consciente de lo que está a mi alrededor, de escuchar, de aprender a tocar.

Descansar es tener un tiempo para mí, para escuchar mi cuerpo, para entrar en contacto con mi alma. Es ver de nuevo a Dios que permanece junto a mí.

En su repaso por el sentido originario de los términos relativos al descanso, el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa aludió también a “la palabra vacaciones”: “viene del latín vacare, que quería decir abstenerse de las actividades normales para concentrarse en algo diferente”.

También presente en un salmo bíblico (vacate et videte quia Dominus ego sum), el término orienta a “tomar una vacación, dejar todas nuestras actividades para darnos cuenta de lo más importante que existe en el mundo, o sea, que existe Dios”.

Y es que la vacación “es todo lo contrario a una fuga; no quiere decir alienarse, distraerse”, sino que “quiere decir concentrarse en algo, abstenerse de las demás actividades para concentrarse en lo fundamental, en aquél famoso ‘una sola cosa es necesaria’”.

“Tal vez el sentido más bello de las vacaciones sería precisamente retomar un contacto íntimo, profundo, con la raíz de nuestro ser, que es Dios”, apuntó el padre Cantalamessa.

Tal vez muchos de nosotros no podremos tener vacaciones, aún así tratemos de buscar momentos de intimidad con Dios, de salir a buscar a la familia y a los amigos para reencontrar la paz siempre tan deseada y anhelada.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, coordinador diocesano para la Pastoral de la Salud

 

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