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Una promesa mundial: Félix Auger

El canadiense Félix Auger-Aliassimeen su juego ante Ugo Humbert

Wimbledon, cuna de nuevas figuras

Rafael J. Ramos Vázquez (*)

El panorama del tenis mundial en los últimos tres lustros ha sido dominado por el fabuloso “Big 3”: Federer, Nadal y Djokovic, quienes se han repartido los grandes torneos, sumando en la actualidad esa terna la friolera de 53 Grand Slams.

La generación de los jóvenes no ha emergido aún con toda su fuerza. Hay un buen numero de talentos bisoños que no logran consolidarse.

Los motivos son variados, pero el resultado está a la vista: un dominio de treintañeros, cuando la lógica nos dice que deben ser los veinteañeros los que manden en la cúspide.

De toda la pléyade actual, a mi criterio hay dos que deben consolidarse pronto: uno es el austriaco Dominic Thiem, casi una realidad, y el otro una promesa, un adolescente de escasos 18 años, Félix Auger Aliassine, nacido profética y curiosamente en la misma fecha que el maestro suizo Roger Federer, 8 de agosto.

Ese novel talento es canadiense, nacido en Montreal, con raíces africanas por su padre. Es diestro, de casi 1.90 m de estatura y vive actualmente en Montecarlo. Lo vi jugar en el Abierto de Miami y pude apreciar sus fortalezas: tiene un magnifico saque, muy efectivo; un golpeo fuerte, se desplaza bien y juega desde la línea de base en forma precisa.

Su golpe de derecha es muy sólido y considero que es lo mejor de su bagaje tenístico.

También posee un revés a dos manos excelente. Sus debilidades son su inexperiencia y su fuerza mental. La primera la irá dejando y la segunda reforzando a medida que se vaya fogueando. Que tiene talento, ni duda cabe.

Este año en el Abierto de Miami, un torneo de los puntuados con mil unidades del circuito de la ATP, el canadiense se convirtió, por su corta edad, en el primer jugador con 18 primaveras que llega a las semifinales en ese evento y se enfrentó en una de ellas a John Isner, campeón defensor, cuya principal arma son saques a la velocidad del rayo.

Félix tuvo todo para vencer al norteamericano, a quien puso contra la pared en los dos sets; sin embargo, la novatez, inmadurez e inexperiencia hicieron que la victoria se le escapara de las manos cuando su oponente estaba mentalmente derrotado. Se puede decir que el partido lo perdió Auger Aliassine, no lo ganó Isner. De haber sido otro el resultado, se hubiera enfrentado a Federer en la final, en un duelo donde el más joven se hubiera medido con el más veterano. Ambos con estilos de juego similares, con las proporciones guardadas, hubieran escenificado una final única, más peleada y pareja.

No se pudo. Federer se coronó dándole una cátedra a John con todo y su saque descomunal.

Auguramos un futuro brillante para ese joven jugador, y pronosticamos que la experiencia, tranquilidad y madurez le llegarán pronto. Esas, como todas las cualidades, no se venden en la farmacia. Y, tengamos presente el axioma: en la vida sólo cuentan los resultados, no los propósitos.

rafaelramos@sji.com.mx

Abogado y empresario*

Amor por los excluidos

Cartón de Tony: Vila, Renán y Jiménez Pons