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Unión social ante un problema nacional

feminicida de tahdziú

Violencia de género

María del Pilar Loroño Maldonado (*)

Amable lector escúcheme, lea, opine y haga algo.

Amanece un día y se lee en los periódicos locales “bajan las estadísticas de violencia de género hasta un 7%”, lo informa el órgano representativo del estado encargado de este asunto, día siguiente se lee e informa una institución de carácter civil sobre la atención a la violencia de género, el dato proporcionado anteriormente no coincide con la realidad de lo que sucede en Yucatán a las mujeres y niñas y se habla de un 17% en el aumento de actos violentos.

Según informes del Inegi la violencia de género se encuentra arraigada en México, pues el 66.7% de las mujeres niñas ha sufrido alguna vez en su vida agresiones de tipo sexual, laboral emocional, lo peor del caso es que el total de mujeres y niñas que han expresado este tipo de violencia psicológica, escolar, física, emocional, laboral el 9.4% no presentó una queja o denuncia ante alguna autoridad.

Estas informaciones, su inconsistencia, hace que siga existiendo preocupación y denuncia, alarma ante estos hechos.

Cabe destacar que algunos organismos del estado y asociaciones civiles reconocen fallas en la protección a las víctimas de violencia; es tan grave la situación en el país que en el Estado de México ya ha sido declarada la alerta de género y se emite en todos los estados conjuntamente con algunas disposiciones al respecto.

Las campañas que promueven este activismo de protección no ayudan a los actos de violencia contra la mujer y niñas, que en la mayoría de los casos se producen en la obscuridad, porque se mueven y se ocultan dado la vergüenza y estigmatización de las víctimas.

En noviembre pasado los ciudadanos presenciamos marchas multitudinarias en el mundo, mujeres y niñas que proclaman justicia respeto a sus derechos, a erradicar la violencia que se ha ejercido en contra de ellas durante mucho tiempo. En nuestros estados y municipios hubo marchas, unas más tranquilas que otras, llevando al movimiento a la realización de hechos violentos que, en lo personal, manifiesto estar consciente de las mujeres y niñas que han sido afectadas por las violencias interpersonal, social y criminal, pero estoy buscando promover una cultura de paz y la reconstrucción del tejido social de mujeres y niñas, para posicionarnos como una comunidad resiliente, esto es, pensar en comunidades que no solo sean capaces de reconstruirse en ámbitos adversos, sino también que salgan fortalecidas por el ejercicio de la participación.

La reconstrucción como una comunidad que lucha por la resolución no violenta de conflictos.

Los horrores y dolores que han vivido tantas familias por sus mujeres, de tantos lugares de México, Latinoamérica y el mundo, tienen que poder convertirse en el punto de partida para construir la esperanza. Esperanza que no olvide esos horrores y dolores y que se convierta en la posibilidad de pensar juntos las salidas, de construir juntos los caminos y de construir las transformaciones.

Esperanza para no escuchar nunca jamás en las calles “ni una más”, esperanza de que no haya impunidad, esperanza para que el horror y dolor se convierta en memoria, en creación en hechos de transformación personal y colectiva de nuestras mujeres y niñas reconstituyéndose en una comunidad resiliente frente a la violencia.

El primer paso para el término de la violencia es sacarla a la luz, convertirla en el centro de atención para tomar conciencia y eliminarla hay que favorecer el surgimiento de espacios de encuentro donde, además de promover la palabra, se incursione hacia una cultura de paz, sobre todo en comunidades que viven situaciones de violencia social, psicológica, laboral y escolar como es el caso de lugares del Estado de México, Colima o Yucatán.

Pareciera un discurso utópico, de fantasía, ante los hechos registrados, informados de la violencia desatada, ejercida en uno de los miembros más importantes de la familia sociedad, nuestras mujeres y niñas. Pero creo, intuyó y actuó estas ideas y propongo desde nuestras trincheras seguir construyendo esa infraestructura sentimental que emana desde el fondo del ser, con una velocidad y una veracidad que por común sorprenden.

¿Qué puedes hacer tú?

Paz y bien.—Mérida, Yucatán

maestrapili2010@hotmail.com

Maestra

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