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Valores sociales

Cohesión de la comunidad y prevención de la violencia

Guillermo Fournier Ramos (*)

Los tiempos de incertidumbre son particularmente duros porque nos hacen sentir temor de perder aquellas cosas que ahora tenemos y que tanto apreciamos.

Este 2020 ha sido un año de retos, dificultades y constante lucha. Hace unos meses hubiese resultado inimaginable que la aparición en China de una nueva enfermedad infecciosa pudiera cambiar tan abruptamente la realidad que conocemos.

A la fecha, la pandemia persiste entre nosotros, por lo que nuestra capacidad para adaptarnos a las circunstancias se pone a prueba día tras día.

La Covid-19 impacta directamente en la salud de decenas de miles de personas; sabemos que incluso el virus puede ser letal o dejar secuelas importantes en los infectados.

A su vez, el contagio masivo y sus implicaciones han forzado a los gobiernos de los países a tomar medidas que limitan la movilidad social y la actividad económica: decisiones difíciles que pretenden contribuir a la disminución de la transmisión de la enfermedad, sin dejar de tomar en cuenta la importancia de la economía de las personas y sus familias.

Los retos

Así, es evidente que la salud y economía han sido los dos elementos más golpeados por el coronavirus y su virulencia. No obstante, ya son varios los expertos, académicos y analistas que comienzan a señalar otros posibles retos a que nos enfrentaremos a mediano plazo, una vez que la pandemia ceda y se ponga en marcha la lenta recuperación de la dinámica social a la que estábamos tan acostumbrados.

Y es que a muchos les preocupa que aspectos como las elevadas tasas de desempleo, el generalizado aislamiento prolongado y los trastornos psicológicos emergentes puedan traer como consecuencia un incremento en los índices de violencia y delincuencia. Por su puesto, se trata de una inquietud legítima, pues estas variables pueden considerarse como factores de riesgo para que se susciten conductas antisociales o brote la delincuencia.

La experiencia nos demuestra, por ejemplo, que cuando las crisis económicas azotan con fuerza, los niveles de inseguridad tienden a ir al alza.

Empero, lo cierto es que cada región o comunidad tiene un contexto propio, que solo puede comprenderse al estudiar sus patrones de comportamiento social a lo largo del tiempo, así como su sentido de identidad, y los usos y costumbres en la solución de conflictos.

En este sentido, Yucatán cuenta con la gran ventaja de disponer de un conjunto de factores de protección que deben ser no solo identificados sino también reforzados para prevenir que surjan espacios propicios para la violencia o la comisión de delitos.

Por un lado, los valores y principios familiares son fundamentales; el respeto, el apoyo mutuo y la generosidad son rasgos que caracterizan a la población de nuestro estado.

Han sido múltiples los ejemplos de vecinos que cooperan entre sí cuando alguno de ellos se halla en situación precaria; asimismo, las dueñas y dueños de pequeños negocios han encontrado fórmulas para seguir pagando a sus empleados a pesar de la reducción de los ingresos; el personal de salud es reconocido por la población, a diferencia de lo que ocurre en otras entidades.

La ciudadanía yucateca ha construido a través de las generaciones una cohesión social auténtica, que se refleja en sana convivencia y baja criminalidad. Por supuesto, la fortaleza de las instituciones de seguridad, aunada a la participación ciudadana, son claves para mantener relevantes niveles de confianza en las corporaciones de policía.

Entonces, será imprescindible que todas y todos llevemos al cabo un esfuerzo de solidaridad en los próximos meses, ante los factores de riesgo que innegablemente estarán ahí.

Prevenir que un escenario de inseguridad en detrimento de la tranquilidad que tanto apreciamos será labor de comunidad y gobierno por igual. Solo por medio de la unidad se superan las adversidades; más aún, es posible que la adversidad consiga estrechar lazos en favor de la cohesión social.

Nadie ha dicho que será fácil: la pandemia de la Covid-19 quizá sea el desafío más grande que nos toque vivir como generación. Por ello, será determinante consolidar esos valores, esas redes de apoyo y esa empatía que hemos ido construyendo por tradición y por elección. Estar ahí para el vecino de al lado: servir y dar para abonar al bien común, por una comunidad en paz, y libre de violencia.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

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