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Vidas que se truncaron

Dulce María Sauri Riancho
Dulce María Sauri Riancho

Tras las cifras

Dulce María Sauri Riancho (*)

A las y los 12,845 yucatecos fallecidos entre enero y agosto de 2020

Entre enero y agosto del año pasado, el Inegi contabilizó más de 683,000 muertes (683,823), 184,039 decesos más que la cantidad estimada por demógrafos y responsables de la salud pública para ese periodo del año.

Estas aterradoras cifras representan vidas que no deberían haberse extinguido, de no haberse presentado la pandemia del Covid-19. Dejo para otro momento la dolorosa pregunta sobre la inevitabilidad de esas pérdidas, si pudimos hacer más para evitarlas, reaccionando a tiempo y coordinadamente. Tarde o temprano vendrá la rendición de cuentas, ante la historia y ante los tribunales de la ciudadanía.

Pero hoy quiero proponerles, amig@s lectores, una revisión de los datos consignados por la institución responsable de elaborar estadísticas objetivas, imparciales, más allá de cualquier inclinación política.

Llamo su atención que los registros de defunciones analizados incluyen los tres primeros meses del año pasado, buena parte de los cuales transcurrieron sin Covid, pues apenas el 18 de marzo se consignó el primer deceso atribuido directamente al virus de la pandemia. Afortunadamente, desde hace varios años las estadísticas en general se consignan por género pues, como en este caso, existen diferencias entre mujeres y hombres. La espiral ascendente de la muerte comenzó en mayo, siendo julio cuando se registró el mayor número de defunciones.

A esas alturas del año, Covid-19 aparece como la segunda causa de muerte, desplazando a la diabetes que ocupaba tradicionalmente ese sitio. Sólo la superan las enfermedades del corazón. Pero cuando se distingue por sexo, fue la diabetes la causa número dos de las defunciones de las mujeres, desplazando al tercer lugar a este maligno virus.

Por razones aún poco explicadas, el Covid se ha ensañado más en los hombres, a grado tal que 66 de cada 100 personas muertas son de sexo masculino, y sólo una tercera parte, femenino. Ambos sexos comparten a los tumores malignos como la cuarta causa de mortalidad en este periodo, pero las enfermedades del hígado (cirrosis) es la quinta para los hombres, en tanto que las cerebro-vasculares lo son para las mujeres.

En la tabla general aparecen en 8º lugar las agresiones (homicidios), pero para los hombres, es la sexta, con 20,165 muertes violentas entre enero y agosto pasados, en tanto que no figura entre las 10 primeras causas de muerte entre las mujeres.

La mortalidad “en exceso” se presenta también en otras causas. Por ejemplo, murió casi 40 por ciento (38.6%) más por enfermedades del corazón que las esperadas en el periodo enero-agosto. Algo semejante sucedió con la diabetes, casi 36 por ciento más y con la influenza y neumonía, con un aumento de 44 por ciento de defunciones por esa causa. Antes de octubre, estadísticos y epidemiólogos habrán de revisar estos datos, pero podemos anticipar que este incremento desmedido puede deberse a una de dos situaciones: o un error en la clasificación de la causa de muerte, o una deficiencia en la atención de una enfermedad crónico-degenerativa, como son diabetes y cardiopatías.

En el primer caso, los medios de comunicación han consignado historias de contagiad@s de Covid que fallecieron en sus domicilios y que por “facilidad” para su exhumación (cremación generalmente), se consigna otra causa de muerte en su certificado de defunción, la más socorrida puede ser el corazón.

La otra posibilidad es aún más ominosa: que quienes acudían regularmente a sus controles al hospital o centro de salud por sus padecimientos: diabéticos, hipertensos, insuficiencia renal, etc., esos que llamamos crónico-degenerativos, hayan decidido faltar a sus consultas ante el riesgo de contraer el virus, o que los hospitales reconvertidos para atender a los contagiados de Covid hayan dejado de recibir a los pacientes con otros padecimientos.

El hecho es que muchas personas más que las esperadas murieron por estas causas que si hubiesen predominado las condiciones —y las tendencias— de los años previos.

Por el contrario, hubo un descenso de muertes por agresión entre enero y agosto del año pasado, Se esperaban 23,729 decesos y hubo 22,182. Posiblemente el confinamiento desde finales de marzo haya ayudado a disminuir, al menos temporalmente, los casos de muerte violenta en el país.

La información brindada por el Inegi permite distinguir la mortalidad, de acuerdo al grupo de edad. Desde menores de 1 año, hasta 65 años y más, los 10 intervalos muestran las diferencias por edad y por sexo. El Covid-19 es la principal causa de muerte en las personas (hombres y mujeres) fallecidas de 35-44, 45-54 y 55-64 años. Sin embargo, el Covid es la primera causa para las mujeres de 45-54 años, y la segunda en los otros dos intervalos, en tanto que para los hombres es la primera en los tres.

Las personas adultas mayores (65 años y más) registran Covid como tercera causa, por debajo de enfermedades del corazón y de la diabetes. Los homicidios son la primera causa de muerte entre mujeres y hombres de 15-24 años, en tanto que es la primera para los hombre de 25-34 años; esto es, la violencia cobra vidas que comienzan apenas a despegar sus talentos y habilidades, y otras tantas en plenitud, pero sobre todo, por voluntad de otro de cortarlas de tajo. La tabla de mortalidad registra a los accidentes como la principal causa para el grupo de 10-14 años (329 decesos), segunda para las niñas (90 muertes) y primera para los niños (239 muertes).

El análisis de estas cifras desde un enfoque de género arrojará luces sobre la propensión de los niños a sufrir accidentes mortales sobre las niñas de su misma edad.

Mucho para la reflexión, pero también para reformular la estrategia de salud pública en tiempos del Covid.

P.D. El domingo 14 de febrero se cumplieron 30 años de haber tomado protesta como gobernadora interina de Yucatán. Es mi mayor honor haber contribuido a la transformación de esta tierra en el tiempo que me correspondió gobernarla.— Mérida, Yucatán.

dulcesauri@gmail.com

Licenciada en Sociología con doctorado en Historia. Exgobernadora de Yucatán y presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

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