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Y todo por una pelota…

feminicida de tahdziú

Cosas del Mayab

Miguel Angel Orilla (*)

El “Chavín” es un niño de 7 años. Es alegre y travieso; juega con el equipo “Piratas” en la Liga Yucatán de Béisbol. Hace algunos días, de pronto, llegó a la casa y me hizo una invitación:

—¡Abuelo!, ¿me acompañas en la noche al juego de béisbol en el Kukulcán?; quiero atrapar de aire una pelota para presumirle a mis amiguitos.

¡Me canso, ganso! —le respondí…

A temprana hora —olvidando mis achaques— ya estábamos instalados en el nido de los “káues”, con la ilusión de ver cumplidos los sueños del “Chavín”, que como buen previsor, traía entre sus manos su mejor mascota, listo para tratar de realizar la hazaña.

Mientras trascurría el juego, subíamos y bajábamos por las gradas del estadio, por donde intuíamos tener la oportunidad de atrapar la pelota; fuimos testigos de cómo los aficionados disputaban y casi se peleaban por quedarse con “doña blanca”.

Entonces comprendimos que para un niño y un viejo, no es nada fácil tratar de atrapar de aire un faul. Sólo nos quedó el consuelo continuar viendo la trayectoria de la pelota por todo el parque. Noté la cara de decepción del chiquillo.

Para quitar el mal sabor de boca, fuimos a degustar unos sabrosos kibis de la “Güera”; bien dice el refrán que con pan las penas son menos.

Esa noche, no todo fue malo, porque tuve la oportunidad de convivir y pasar gratos momentos con mi inquieto nieto y poder escribir estas modestas letras.

¡Ni modos, querido “Chavín”, quizá otro día se puedan cumplir tus deseos!— Ixil, Yucatán.

miguelorilla.cosasdelmayab@gmail.com

Escritor

 

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