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Compartió Armando Manzanero su vida con los yucatecos: “Yo soy de amor”

Manzanero canta en la ceremonia en que se declaró a Chichén Itzá una de las Nuevas Maravillas del Mundo

Opinaba que Juan Gabriel tenía la “varita mágica” de la genialidad y la modestia. Que no había diferencia alguna entre autores y compositores de ayer y hoy, porque en todas épocas existirán “los que tienen éxito aunque no tengan calidad y los que tienen calidad, pero nada de éxito”. Que la música era “la única amante con la que no he podido terminar”.

De Armando Manzanero los lectores del Diario conocieron el proceso creativo y el sentir sobre variados temas a través de entrevistas sostenidas en diferentes momentos de la trayectoria del compositor yucateco, que hereda al mundo unas 800 canciones y 30 producciones discográficas.

En febrero de 1986, Manzanero le declaró al reportero Eduardo Buenfil Pérez (que en paz descanse) que la razón de que siguiera siendo popular después de tanto tiempo era que sus canciones “son sencillas, narran situaciones positivas de la vida, románticas, y en su mayoría dedicadas a la mujer, con el respeto que se merece”.

Dos temas propios le agradaban en especial, “Amanecer” y “Te extraño”, y opinaba que el plagio de sus temas no representaba un problema para él, “incluso sé que alguien ha copiado alguna canción mía y eso, en lugar de molestarme, me halaga”.

Confesó su admiración por Juan Gabriel, de quien desde que lo conoció “supe que llegaría lejos, pues es de los pocos que están tocados con esa ‘varita mágica’ de la genialidad y la modestia”.

A pesar de residir desde hacía años en Ciudad de México, había una costumbre yucateca a la que se aferraba firmemente: dormir en hamaca, lo que hacía en una pieza tejida por su madre Juana. “Todavía me cuesta trabajo dormir en cama”.

En 1997, en una visita a Mérida para actuar con Tania Libertad en un evento organizado por una empresa de aires acondicionados, Manzanero lamentó que el público yucateco se conformara con aplaudir a los músicos y se negara a pagar derechos de autor. “Decimos a nuestros artistas y compositores lo buenos que son, pero cuando se trata de pagarles viene el problema”.

Hombre de su tiempo

A la época en que nació atribuyó el hecho de ser un compositor enfocado en la calidad de su trabajo más que en la posibilidad de hacer dinero con él. “La época de que provengo prácticamente no me hace una persona ambiciosa al grado de volverme tan comercial. No es lo mismo ser una persona con ambiciones artísticas a convertirse en algo mercantil”.

Cuando se le preguntó por la diferencia entre los compositores modernos y de antaño, Manzanero afirmó que no la había. “Todos son iguales, no hay ninguna diferencia, pero atención: una canción buena se oirá toda la vida y una canción mala logrará engañar a la gente durante un tiempo y luego se olvidará”.

Cinco años después, en las entonces oficinas de Manza Music en avenida Colón, Manzanero recibió al Diario una mañana de junio en la que reflexionó sobre su vida. “Mi vida tiene una parte oscura: me hubiera gustado tener una compañera para toda la vida, que me hiciera sentir pleno”.

La fuente de su vitalidad la ubicaba en su raza, que “es ‘terriblemente’ fuerte, tanto que ha sobrevivido a la ignorancia y a la pobreza”. También, a su experiencia, “comencé a trabajar desde muy joven para ayudar a la manutención de mi casa; desde los 14 años vivo de la música”.

¿A qué le cantaba? “Obviamente, al amor. Yo soy de amor. En relación de cómo compongo, lo hago cuando quiero, no cuando me piden que lo haga. La letra y la música van de la mano, nunca una después de otra”.

“El amor es un lenguaje sencillo, que todos hablamos, por eso mis canciones expresan, en pocas palabras, ese sentimiento”, indicó. “No hay otra forma de hablar del amor. Hay que ser directos, con frases, imágenes que salgan del corazón, no del cerebro”.

Del público yucateco opinó que era “el mejor: siempre tiene el aplauso en el bolsillo, es conocedor y, lo más importante, sabe perdonar y comprender al artista cuando se equivoca”.

En 2005 confesó que le molestaba que le llamasen Señor Amor y maestro. “De Señor Amor tengo bien poco cuando me enojo, y en cuanto a maestro, es un título que me queda grande. Mozart, Chopin... ésos sí son maestros”.

Alma cirquera

En la entrevista con la reportera Patricia Garma Montes de Oca en el patio del Museo de la Canción Yucateca, donde grababa una emisión del programa “El estudio de Armando Manzanero”, el compositor recordó que su primera incursión en la música fue en el circo de los Hermanos Padilla, donde tocaba los timbales. “Yo era apenas un niño, pero el señor que estaba encargado de la música me dejaba tomar su lugar mientras él se iba a echar los tragos”.

“Creo que he logrado fama, pero no fortuna”, aseguró. “Cuando la gente me dice: ‘Usted es muy famoso, debe tener mucho dinero’, le respondo: Sí, tengo para vivir de mis rentas, pero solo si me muero el mes entrante, porque el dinero no me daría para más. No he logrado hacer fortuna ni deseo tenerla, quiero que cuando la gente se acerque a mí sea por amor y no por billetes”.

Se despidió con una reflexión sobre la soledad: “Soy muy reacio ante la soledad, no soy fácil de derrumbar. La vida no me ha permitido estar solo. He estado con la gente que he querido, no me arrepiento. El único arrepentimiento que tengo en la vida es haber encerrado un pájaro, porque soy tan libre como las aves”.— Valentina Boeta Madera

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