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Coro Voces Claras de mujeres ofrece una presentación

Noche cálida y toque femenino

Veintidós mujeres. Sin pancartas ni aerosoles. Sólo con el fulgor de sus voces de agudeza flotante. Demostrando todas, con el diplomático guante del arte coral la femineidad tiene un sitial que no requiere proclamas ni exaltaciones callejeras.

Feliz encuentro fue el de anteanoche con el Coro Voces Claras, que conduce la maestra Margarita Jiménez, en el colonial recinto de la capellanía de San Juan Bautista que se encuentra en el soplo conmemorativo de los 250 años de su erección.

“In dulce jubilo” —programa con extensión de una hora más o menos— gratificó a los oyentes con una oferta cambiante: canto litúrgico, villancicos, melodías populares de México y otras naciones hispanoparlantes.

En cada renglón, la maestra Jiménez condujo a sus coreutas en el acento revelador de emociones y la adecuada ritmicidad.

Presentadas por el historiador Ángel Gutiérrez Romero, frente al presbiterio del histórico templo, el coro de sopranos, contraltos y mezzosopranos entonó una veintena de cantos, algunos “a capella” y los restantes con el apoyo del piano (maestra Laura Romero Pacheco) o del oboe (Héctor Rosado Romero) pero respaldado en la garantía de vocaciones que han prosperado bajo el reconocimiento del Centro Estatal de Bellas Artes.

En lo litúrgico, fue hermosa la versión del Cántico de Jean Racine del gran Gabriel Faure.

De la obra de Hugo Hammarstrom – autor moderno – reapareció, esperanzada y dolorosa, la petición de antiquísimo cuño griego, el Kirie Eleison. Las secciones extendieron ese ramaje de variable intensidad que forma el tapiz de la criatura suplicante. Asimismo, agradó un Ave Maria de la España renacentista.

En la sección dedicada a piezas de la modernidad fue un logro la selección de un par de las Cinco canciones para niños, de Silvestre Revueltas: “Caballito”, con letra de Antonio Trueba; y “Canción de cuna”, sobre versos de García Lorca. Otro número plenamente conseguido fue “La novia”, de Carlos Jiménez Mabarak.

La música popular hizo su entrada por la vida del inmortal “Cielito lindo” con sus ojitos de contrabando y el lunarcito junto a la boca. De Ariel Jiménez recibimos la famosa “Alfonsina y el mar”, y del cubano Grenet su arreglo de “Mulata, si tu supiera”, de Nicolás Guillén.

De las canciones propias del tiempo navideño, las coreutas obtuvieron logros con “Niño lindo, aguinaldo venezolano”, y “El cielo canta alegría”, de Pablo Sosa. Como aportación curiosa recibimos un cántico en la lengua vasca: “Hiru uguberri kanta”, de Javier Busto.

En síntesis, fue una velada grata y variada que dio calidez a una noche con baja temperatura ambiental y contó con numeroso público.— Jorge H. Alvarez Rendón

La música popular hizo su entrada por la vida del inmortal “Cielito lindo” con sus ojitos de contrabando…

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