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El cine, una pasión familiar

“Se inauguró el Aladino

María Isabel Cáceres Menéndez(*)

Seis generaciones. Comencé a ir al cine con mis abuelos paternos y mis padres desde muy pequeña. Íbamos todos juntos. Al cine Novedades, al Mérida, al Cantarell, al Colonial, al Apolo, al Rex en Santiago. Todos en el Centro Histórico.

Mi abuela paterna adoraba a Pedro Infante, a Sara García, a Prudencia Griffel, a Silvia Pinal, desde pequeña vi casi todas sus películas. Sarita Montiel era la favorita. En el cine Novedades vimos “El último cuplé” y más adelante cuanta película ella hiciera.

Mi abuela falleció cuando tenía 12 años y hacía cinco que nos cambiamos a unas cuantas cuadras de ella. Vivir en el Centro era una delicia en ese entonces. Íbamos caminando a todos lados. Al Jesús los domingos. Misa de 9 a.m. Al Hotel Mérida a desayunar. Los mejores y únicos cines de la ciudad, a tiro de piedra. Colonial, Apolo, Cantarell, Rex en Santiago, Mérida, Fantasio (con sus enormes abanicos que casi te hacían volar), el Novedades.

Se inauguró el Aladino, fuimos todos, en “moloch”, y estrenaron para la ocasión “Las lluvias de Ranchipur”: Lana Turner, en la cúspide de su carrera, un jovencísimo Richard Burton, Michael Reenie. Se fue la luz. Tardó en volver y ahí esperamos. Nadie se movió.

Cada domingo mi bisabuela materna iba conmigo al cine a la función de 1:30 p.m. Después cerrábamos con broche de oro en el Colón con helados para las dos y cigarros de chocolate para mí.

Mi mamá, tía Angelita, su única hermana, mi hermanita y yo incluidas, íbamos a fabulosos dobletazos o tripletazos de Rock Hudson, Tony Curtis, Tyrone Power y Elizabeth Taylor o Grace Kelly al cine Maya en la colonia Alemán.

Al casarme y vivir en el Norte, mi marido y yo nos volvimos asiduos de esta sala. Había que tener cuidado. Las ratas o los ratones podían correr entre tus pies. Igual que en el Peón Contreras en su triste etapa de sala cinematográfica.

Y la tradición y la pasión por el cine se ha extendido a mis hijos ¡y a mis nietos también! Nada me fascina más que tener cita con ellos y compartir las películas que les gustan.

Disfruto enormemente ir ya sea con ellos, con mis hijos o mis amigas. Mi marido cambió el cine por la televisón hace tiempo. Y me gusta más todavía ir sola cuando se trata de doble o tripletazos. Empiezo desde las 11 a.m., la primera función, salgo volada para la segunda y almuerzo y termino en la tercera, cuando las películas y los horarios se prestan. Pasadía campechano.

Todo esto, no sé si a causa de la pandemia, ha llegado a un obligado e inesperado fin y ya nada podrá volver a ser como antes. El bicho encierra. Enferma y mata. Las salas de cine se clausuran en toda la República y llega la debacle no solo económica sino en todos los aspectos de nuestras vidas. A nivel global.

Las plataformas digitales se adueñan de la escena y crecen alimentadas por el “quédate en casa”. Pero eso, amable lector ya será motivo de otro comentario.

Abogada y Escritora maica482003@yahoo.com.mx

 

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