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Kim Ki Duk: cineasta aclamado, agresor de actrices y víctima del Covid

SEÚL.- El cineasta surcoreano Kim Ki Duk falleció este jueves víctima de complicaciones con el Covid-19. En 10 días cumpliría 60 años.

Galardonado con el León de Oro de Venecia que logró en 2012 por "Pietà"; Kim pasó sus últimos años en medio de múltiples acusaciones de abusos contra actrices que trabajaron para él.

Kim Ki Duk: sus primeros años

Nacido en el montañoso condado de Bonghwa (este del país) en 1960, se mudó a los ocho años con su familia a la periferia de Seúl donde, tras terminar la escuela primaria.

Cumplidos los 20, Kim realizó el servicio militar obligatorio y acabó siendo sargento del cuerpo de marines, donde sirvió un lustro; antes de volcarse en la pintura y en formarse como pastor protestante, aunque nunca terminó los estudios.

La violencia más cruda, la fe religiosa y los rincones más retorcidos de la sexualidad acabarían dándose la mano repetidamente en su cine; por el cual se apasionó aparentemente durante su breve estancia en París como estudiante de Bellas Artes a principios de los noventa.

Su películas "incómodas" para algunos

De vuelta en su país, comenzó a escribir guiones para proyectos fílmicos por los que resultó premiado y poco después se lanzó a dirigir uno de ellos y a estrenar en 1996 el trabajo resultante, su ópera prima "A go" ("Crocodile"), perturbador relato protagonizado por su actor fetiche, Cho Jae-hyun.

Kim pasaría a ser el nuevo "enfant terrible" del cine surcoreano en la escena internacional y una refrescante respuesta en el circuito de festivales al trabajo -más convencional- de viejos conocidos como Im Kwon-taek o Hong Sang-soo fue "Seom" ("La isla"), estrenada en 2000.

Imagen de la película "La Isla" de Kim Ki Duk estrenada en el 2000. Foto de Internet

"Oscura", "fascinante", "deprimente", "enérgica", "retorcida" o hasta "repulsiva" se entrecruzaron en el repertorio de calificativos que recibió la cinta tras estrenarse.

A partir de ahí, y siempre bajo su inconfundible sello de autor, Kim comenzó a dirigir una y hasta dos producciones al año.

Aclamado en los festivales

Después llegaría la inclasificable, exorcizante y egocéntrica "Arirang", que amplió aún más si cabe el cisma entre la crítica y se llevó el "Un certain regarde" en Cannes.

Igualmente polémico fue el León de Oro de Venecia que logró en 2012 por "Pietà", filme en el que se entremezclan violencia, imaginería religiosa, impulsos incestuosos y redención.

Al año siguiente estrenó "Moebius", originalmente prohibida en Corea del Sur por sus escenas -esta vez sí- abiertamente incestuosas, y que originaría las primeras acusaciones por abusos contra el cineasta.

Las acusaciones del #MeToo

En 2017, al calor del movimiento #metoo, una actriz que fue despedida de ese rodaje demandó a Kim -que admitió haberla abofeteado durante la producción- por agredirla y ganó el juicio.

Los tribunales lo acabaron condenando solo por abusos físicos, pero en todo caso las acusaciones espolearon la visión de que su filmografía, a ojos de muchos críticos, estaba salpicada de una misoginia latente.

A esa intérprete, que aseguró que el director la presionó para intentar mantener relaciones sexuales, le siguieron varias mujeres que lo llevaron ante los tribunales por abusos e incluso una supuesta violación perpetrada en compañía de su amigo íntimo, Cho Jae-hyun. Estos delitos no lograron certificarse.

Su último filme estrenado, "Dissolve" (2019), fue rodado en Kazajistán con actores locales y proyectado solo para compradores potenciales en el mercado del Festival de Cannes.

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