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La Xtabay ronda la “Selva trágica”

Indira Rubie Adrewin

Netflix recibe la nueva película de Yulene Olaizola

Si pudiera “escapar” de Ciudad de México, Yulene Olaizola se iría a vivir al sur de Quintana Roo. La relación de la cineasta con esa zona de la Península comenzó hace 10 años y desde entonces se ha profundizado hasta el punto de que ya la considera “mi segundo hogar”.

El encuentro le descubrió la historia de la región y la forma de vida en la frontera con Belice, lo que con el tiempo Olaizola usó como contexto de una película, “Selva trágica”, que pasado mañana miércoles se estrena en Netflix.

La cinta se sitúa en 1920 y narra la historia de la beliceña Agnes, quien en su huida de un cacique británico se interna en la selva maya, donde da con un grupo de recolectores de chicle que ven en ella la confirmación de la leyenda de la Xtabay.

El origen de la película fue similar al de las otras cuatro en la trayectoria de la cineasta mexicana, según le cuenta al Diario: “Teniendo primero una decisión muy clara de dónde quiero filmar, de una geografía particular y en este caso era la frontera con Belice”.

“La frontera sur es muy poco conocida por los mexicanos, excepto para las personas que viven en Chetumal; el resto de la República desconoce las dinámicas de intercambio de ambos países a lo largo de la Historia. Me parecía muy rico hablar de ese tema”, explica.

“Cuando empecé a indagar un poco más en el territorio recuperé el contexto histórico de la industria del chicle, que en la década de los 20 empezó a tener auge y en las siguientes cinco décadas se volvió una industria muy poderosa que generó el desarrollo de la región. De los muchos poblados que hay hoy en día, la mayoría se fundó gracias a campamentos chicleros”.

Para hacer la investigación de campo la directora se estableció en el sur quintanarroense, donde escuchó la leyenda de la Xtabay, “muy conocida en la Península pero no fuera; en Belice es también muy famosa”.

“Me llamó mucho la atención que está muy vinculada con la naturaleza y con leyendas alrededor de la selva. Es la que más me interesó por hablar de una figura femenina que representa la dualidad de muerte y vida a través de su sexualidad”.

Olaizola deseaba igualmente presentar la situación de “estos hombres que trabajan en la selva durante meses enteros, metidos ahí en la temporada de lluvias, sacando chicle, y de pronto se encuentran con una mujer que detona en ellos sus deseos más oscuros”.

Su investigación se nutrió de textos de varios autores mexicanos, entre ellos los yucatecos Luis Rosado Vega y Antonio Mediz Bolio. Éstos “fueron muy importantes para armar la voz de un narrador maya que nos habla de la leyenda y nos advierte de los peligros de la Xtabay”.

Olaizola piensa que “Selva trágica” resultará interesante para los habitantes del sureste del país porque “rescata muchas cosas de la cultura de la Península”.

“Poca gente sabe cómo se vivía en la Península y en particular en Quintana Roo en los años 20, cuando era un territorio completamente alejado del resto del país, no se podía llegar por tierra porque no había caminos y la selva era imponente, se tenía que llegar por barco desde Veracruz. Era una zona con sus propias reglas; es por eso que la película tiene una sensación de western en que los hombres se defienden por sí solos, no hay una ley que los proteja”.

Cualidades

Las características que hacen única a la región dan singularidad a la historia, en la que se mezclan emociones universales. Por un lado está Belice, con mayoría de población afrodescendiente pero también con un número significativo de personas con raíces mayas, que comparten valores de la cultura británica por haber sido el país una colonia. Por el otro se encuentra Quintana Roo, que, recuerda la cineasta, “se ha formado a través de la migración de gente de toda la República Mexicana”.

“Se da en esa frontera una mezcla cultural única que traté de representar a través de diferentes rostros, acentos y obviamente idiomas, porque está hablada en inglés, español, maya y un poquito de creole”.

A su vez, la extracción del chicle devastó la selva, pero también favoreció el desarrollo de la zona. “A pesar de que la película habla de sentimientos que podrían ser universales, el tipo de selva, sus leyendas, su geografía, el chicle... todo eso es algo único que no podría ser contado en ningún otro lugar”.

El poder que Yulene Olaizola le concede a la selva está plasmado en la fotografía de Sofía Oggioni Hatty, con la que se buscó “sobre todo transmitir la sensación de no estar precisamente en un entorno amigable”.

“Queríamos mostrar una selva peligrosa, una entidad viva que tiene casi sus propios poderes, su manera de manifestarse”. Para alcanzar ese objetivo las siete semanas de rodaje tuvieron lugar cerca de la temporada de lluvias, a fin de retratar la jungla de una forma “más oscura, nublada, fría”.

Olaizola admite que fue complicado dirigir a actores que hablaban diferentes idiomas, uno de los cuales ella misma desconocía. “Cuando hablaban en maya tenía que tener un traductor que me guiara sobre qué estaban diciendo exactamente los personajes”, recuerda. “También fue un reto trabajar la voz del narrador en maya, tenía que guiarme de la musicalidad de las palabras, del sentimiento y el tono”.

“El idioma es bastante complejo y tiene muchas peculiaridades que fuimos entendiendo durante el proceso y resolviendo conforme lo íbamos trabajando”, añade la directora, que destaca que los chicleros de la cinta lo son en la realidad, “chicos mayas que por primera vez participan en una filmación”.

Por su parte, Indira Rubie Andrewin, quien interpreta a Agnes, solo habla inglés, algo que la cineasta aprovechó en favor de la trama. “Fue muy interesante apostar a tener una actriz, que tampoco es profesional, que solo hablara inglés para que el problema de comunicación que ocurre en la película se diera también detrás de las cámaras y pudiera nutrir a los actores con circunstancias similares a las que viven sus personajes”.

“Todo eso suma dificultades, pero son retos que uno afronta con muchas ganas de que se refleje en pantalla”.

“Selva trágica” se presentó el año pasado en varios festivales de cine, como el de Venecia, Varsovia, Viena y Mar del Plata. Pero para Yulene Olaizola no hay duda de que la intención de un cineasta será siempre que su película llegue al público. “Cuando las escribimos no estamos pensando si va a ir a festivales o no, uno hace el cine para compartirlo con el público, son las cadenas de exhibición las que deciden qué películas se van a un lado y a otro”, dice.

Supera fronteras

“Creo que todos los cineastas estaríamos felices de pasar por festivales, por cines y por plataformas y mostrar nuestras películas en la mayor cantidad de lugares posible. ‘Selva trágica’ es un ejemplo de película que puede brincar esas fronteras: pasa por festivales importantes, como el de Venecia, pero su estreno final para el público va a ser en Netflix. Y al mismo tiempo va a estar en la Cineteca Nacional, en Ciudad de México, y en la Cineteca de Guadalajara”.

“Definitivamente hay un público muy acostumbrado a ver cine hollywoodense, pero hay uno muy amplio que está cada vez más abierto a buscar otro tipo, sobre todo un cine que represente su historia, sus personajes, sus regiones y eso solo lo vemos en el cine mexicano”, asegura.— Valentina Boeta Madera

Película Estreno

“Selva trágica”, de Yulene Olaizola, se estrena pasado mañana miércoles en Netflix.

Directora

Su primera película fue el documental “Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo”, en 2008. Luego dirigió “Paraísos artificiales” (2011), “Fogo” (2012) y “Epitafio” (2015, con Rubén Imaz).

Documental

“En todas mis películas de ficción hay una aproximación documental hacia distintas cosas”, explica la directora. En “Selva trágica”, “toda la experiencia del chicle está filmada de manera muy documental, con gente que realmente se dedica a eso”.

Geografía

La filmación incluyó comunidades quintanarroenses como Chacchoben, Noh Bec y Felipe Carrillo Puerto.

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