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Mirada a la violencia policial

Jacob Luhmann interpreta a uno de los policías que quedan atrapados en medio de los disturbios

“Shorta” recuerda que nadie es solo bueno o malo

MADRID (EFE).— Los ecos del caso George Floyd —tensión racial, violencia policial— resuenan en “Shorta”, un thriller danés que utiliza y subvierte las convenciones del género para proponer una reflexión: “Los seres humanos somos más que ceros y unos, somos polifacéticos”, señala Anders Ølholm.

Dirigida a cuatro manos por Ølholm y Frederik Louis Hviid, la película aterriza en las salas de cine tras su periplo por festivales como Venecia y Toronto.

La trama se desarrolla en un solo día y en un suburbio de una ciudad danesa. Dos agentes hacen una patrulla rutinaria cuando un joven inmigrante fallece bajo tutela policial, lo que desata disturbios en el barrio en el que se encuentran y se quedan atrapados.

“Estábamos editando la película, hace un año, cuando George Floyd fue asesinado; nos habíamos inspirado en un caso danés de hace treinta años pero el paralelismo era absoluto: un joven detenido en una protesta reprimida por la policía fue asfixiado, entró en coma y murió”, recuerda Hviid.

“En ese momento resultó obvio que el tema sigue siendo relevante y es algo de lo que tenemos que hablar”.

Admiradores de los thrillers policíacos estadounidenses de las décadas de 1970 y 1980, de directores como William Friedkin, Sydney Lumet y Walter Hill, Ølholm y Hviid recurren a lugares comunes del género para definir a los protagonistas de personalidades opuestas (bruto/sensible, introvertido/extrovertido, chistoso/serio) pero a la vez profundizan en ellos.

“Éramos muy conscientes de los arquetipos y queríamos usarlos para luego subvertir las expectativas del público, a nivel superficial son personajes arquetípicos pero los hacemos tridimensionales”, afirma Hviid.

Ølholm ve “Shorta” como una especie de “cuento con moraleja” sobre los prejuicios en general. “Los seres humanos somos polifacéticos, no somos solo ceros y unos, nos preocupa que vayamos en esa dirección, donde las personas son buenas o malas y no hay matices”, añade. “Queríamos hacer una película que examine las razones por las que la gente hace lo que hace”.

“Frederik y yo hablamos mucho sobre cómo nos sentiríamos si fuéramos agentes de policía y cada día tuviéramos que confrontar lo peor de la naturaleza humana y tratar de seguir aferrado a tus valores... es muy difícil que todo eso no te afecte, que no te cambie”, señala.

Dicho eso, considera que los casos de violencia policial en Estados Unidos tienen mucho que ver con la falta de una preparación adecuada para un trabajo que es “extremadamente difícil”.

Para preparar la película realizaron numerosas entrevistas con policías y jóvenes inmigrantes. En una de ellas, una joven agente les preguntó por el título del filme. “Le explicamos que es una palabra árabe, es así como los jóvenes llaman a la policía y ella replicó: ‘Deberían oír lo que les llamamos a ellos’” y murmuró “animales”.

Los directores reconocen que reacciones así son “muy desalentadoras”, pero creen que la película también da espacio a la esperanza.

“No es una película que busque polarizar o crear polémicas, al contrario, aspiramos a unir a la gente con esta historia, que personas con distintas visiones políticas puedan verla y quizá hablar sobre lo que plantea, para nosotros era crucial no condenar a nadie”.

“La cantidad de información que entra en el encuadre es tan importante como lo que no entra, y ese concepto viene de no tener un gran presupuesto ni mucho tiempo”, admite Ølholm.

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