Tony Karam dicta un seminario de filosofía budista
Cómo se puede abordar la muerte y la vida de la mejor forma posible para acceder a una dimensión genuina de bienestar y felicidad, y para trascender el dolor, el conflicto y la insatisfacción que plagan la existencia es el tema central del Seminario que Marco Antonio Karam, fundador de Casa Tíbet México ofrece en Mérida.
Desde ayer el también representante cultural del pueblo tibetano en el país se encuentra impartiendo el citado Seminario sobre tanatología, en el que comparte con los asistentes herramientas meditativas para lograr el objetivo ya citado.
En entrevista con el Diario, Tony Karam, como le llaman coloquialmente, señala que la tradición budista es una de las más antiguas de la humanidad, por lo que a lo largo de sus más de 2,250 años de continuidad histórica ha desarrollado una cosmovisión extensa y profunda que incluye el examen de la realidad transición del morir, y ha perfeccionado una variedad de herramientas de observación e investigación que permiten acceder y abordar este tema desde una perspectiva de privilegio.
Eso, en el sentido de que la tradición budista ha cultivado una genuina ciencia de la conciencia y a través del refinamiento de introspectivas o contemplativas (meditación) ha fortalecido una habilidad para poder observar a la conciencia en su operación en tiempo real; y en consecuencia ha descubierto que la mente es un fenómeno que precede a la conformación del cuerpo, un fenómeno que subsiste a la desorganización del cuerpo, es decir existe antes del nacer o de la conformación del cuerpo y subsiste después de la desorganización del mismo durante la transición a la muerte.
Con ello la tradición budista ha desarrollado una aproximación muy particular al cómo se debe vivir para estar conscientes de la realidad y de la eminencia de la muerte, “conscientes del hecho de que no se cuenta sólo con una oportunidad de la vida, sino que la mente es un flujo de eterna continuidad de experiencia, una entidad que no se crea, no se destruye, se transforma y que en esta vida nos debemos de preparar para ese extenso e ilimitado viaje”.
Apunta que hay herramientas para abordar la muerte con tranquilidad, equilibrio y al mismo tiempo con atención y conciencia, para no perder la lucidez durante ese tránsito, como por ejemplo acontece comúnmente al dormir, con el fin de poder detonar una condición de total lucidez durante esa transición, de tal manera que la misma no controle a la conciencia y sus respuestas sino que la conciencia tenga dominio sobre esa misma transición.
Manifiesta que de esa manera la persona puede orientarse hacia el mejor renacimiento posible, pues la tradición budista abraza la noción de ello, la idea de que la mente al abandonar el cuerpo, en dependencia de una variedad de condiciones y circunstancias, se vuelve a vincular con otra plataforma de vida y experiencia, al infinito.
“Que podamos tener injerencia en ese proceso es central para la tradición budista, que no se vean dominados por hábitos y tendencias inconscientes y que en ese sentido podamos sustanciar un estímulo genuino del desarrollo evolutivo”.
El apego, hostilidad, aversión, confusión y ausencia de claridad, la incapacidad para mantener una condición lúcida y despierta en todo estado de conciencia son los primarios hábitos negativos que aquejan temporalmente a la conciencia, puntualiza.
Algo que sucede en la vida, en el tránsito del dormir y en el tránsito del morir.
Trata de cambiar esos hábitos en los tres ámbitos, hacerlos lúcidos en la vida, en el sueño y en el morir es la meta.
Considera que es difícil, pero “no más difícil que vivir como vivimos con un resultado en extremo pobre”.
Y cuando la meta se logra, asegura que se superan las aflicciones mentales y emocionales que los atormentan cotidianamente.
Al hacerlo se puede tener una vida mucho más feliz. “Abrazamos lo que es importante como tal y no le atribuimos importancia a la que no la tiene”.
El Seminario continuará hoy y mañana con la participación de 80 personas.— I. Ceballos
Dimensión de bienestar
Encontramos vías que nos acercan a una dimensión genuina de bienestar y felicidad duradero y no meramente de placer hedónico y temporal como aquel con el que tenemos vínculo y familiaridad; y podremos abordar la muerte sin ansiedad, tensión y miedo, y realmente reevaluar ante la luz del morir y su eminencia lo que es realmente importante y prioritario en la vida.
