Foto: Megamedia

 

Monseñor Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán

“El que cree en él, no será condenado”.

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor en este cuarto domingo de Cuaresma.

Ante todo, un saludo afectuoso y respetuoso para todas las mujeres de nuestro Estado, ya que recientemente hemos celebrado el Día Internacional de la Mujer.

Ojalá esa jornada no sólo haya servido para celebrar a las mujeres de la familia felicitándolas o regalándoles una flor, sino para tomar conciencia del camino pendiente para dar a la mujer las mismas oportunidades de desarrollo.

La fecha del 8 de marzo nos recuerda un acontecimiento trágico sucedido en Nueva York en 1908, cuando un grupo de obreras protestaba por sus difíciles condiciones laborales; y fue así como 129 obreras fueron quemadas vivas dentro de una factoría, en un incendio provocado por los dueños de aquella fábrica. Por eso esta conmemoración debe traer para todos, autoridades y sociedad entera, una revisión de las condiciones de trabajo y de vida en general de las mujeres de hoy, para cumplir con la tarea que falta por acercarlas a vivir en condiciones conformes a su dignidad de personas.

Que el feminismo no sea una lucha amarga contra los hombres, sino que hombres y mujeres nos esforcemos para dar a cada uno, y en especial a cada una, el lugar que le corresponde como ser humano, y para nosotros los creyentes, el lugar que les corresponde a cada una como hijas de Dios.

Sería una enorme incongruencia para nuestra fe rendir gran homenaje y devoción a María santísima, y por otra parte faltar al respeto en cualquier forma a las hijas de Dios que nos rodean, con alguna clase de injusticia o falta de caridad.

En la primera lectura de este domingo, tomada del segundo Libro de las Crónicas, Dios es presentado como Señor de la historia.

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán