Foto: Megamedia

 

Jorge Carlos Palacios (*)

Durante este mes hemos sido testigos de acontecimientos importantes que seguirán ocurriendo en el mundo de los vinos, que está en movimiento constante.

Se acaban de convertir en una polémica los más recientes acuerdos que se negocian con el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, México y Estados Unidos.

Este último está teniendo algunas reformas en las que se niega a dejar entrar libremente productos y a colocarle arancel al acero, sin medir las consecuencias.

Incluso el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, amenaza con ponerle arancel al vino de California, para que no pueda ingresar a su país, recordando que Canadá es uno de los países que más lo consume, por lo que se verían afectados por este tipo de restricciones.

Lo cierto es que si ponemos en una balanza quién gana y quién pierde, los norteamericanos la llevan de perder, ya que Canadá consume 35% de la producción de vino californiano, por lo que muchas empresas vinícolas cerrarían o tendrían que buscar mercados emergentes para colocar su producto.

El otro socio comercial es México, que consume 0.2% de la producción de Estados Unidos, lo que no preocupa a ninguna de las partes.

En otro orden de ideas, hay una noticia que acaba de sacudir al mundo vitivinícola: una estadística que indica que el vino mexicano superó en 2017 al español en la preferencia del consumidor mexicano.

O sea, desde que Hernán Cortés pisó el Nuevo Mundo y se trajo el vino español a estas tierras, la preferencia por esa bebida fue amplia durante cientos de años.

La empresa Iscam se dedica a hacer mediciones comerciales de la industria de la bebida y proporciona este dato que indica que la preferencia por los vinos mexicanos crece 12.2%.

Lo anterior indica que los mexicanos estamos reconociendo lo que se hace en el país, así como al campo y a la industria vinícola.

La pregunta es, ¿que necesita el sector vinícola para crecer? Que no haya tanto impuesto al vino y sobre la producción y servicios, más conocido como IEPS, que es muy alto por vinos de hasta 14% de grados de alcohol, el gobierno cobra 26.5% del valor del vino y eso hace que mucho del producto vinícola mexicano encarezca.

Antes se decía que los vinos mexicanos eran malos, caros y de muy mala calidad, ahora ya se han revertido.

Por ello no podemos dejar de dar un profundo agradecimiento a la industria vitivinícola que hace posible que podamos tener productos de calidad y de origen mexicano.

Sommelier

 

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