Pide matrimonio de rodillas ante la afición en el Parque Kukulcán

Raúl Sales pide la mano de Ana Gabriela Bobadilla como Leoncio
domingo, 14 de octubre de 2018 · 06:01
Raúl Sales pide la mano de Ana Gabriela Bobadilla como Leoncio.
“Cuando me propongas matrimonio, no quiero que sea en una cena normal. Usa tu creatividad”.
Raúl Sales Cervera se tomó tan en serio la recomendación de su novia Ana Gabriela Bobadilla Tugores que la pregunta de si se quería casar con él se la hizo ante las decenas de aficionados que presenciaban un juego entre los Leones de Yucatán y los Pericos de Puebla, en el Parque Kukulcán. Fue el 22 de julio de 2005 cuando Raúl, vestido como la mascota del equipo local, Leoncio (hoy Leonel el Coronel), apareció en el campo supuestamente para animar una de las pausas del encuentro, en la parte alta de la quinta entrada. Con ayuda de las amigas de Ana Gabriela, que estaban enteradas de los preparativos, Raúl consiguió que su novia accediera a participar en un concurso ficticio cerca de la colchoneta de tercera base. En un momento, el falso Leoncio se puso de rodillas y le mostró el anillo de compromiso. En principio Ana Gabriela se negó a aceptarlo. Fue cuando el novio se quitó la cabeza de la mascota que la joven comprendió lo que estaba ocurriendo y respondió con un “sí”. Te puede interesar: Consejos para sorprenderla al proponer matrimonio Antes de decidirse a hacer la propuesta en el juego de béisbol, deporte del que ambos son aficionados y que los llevaba al Kukulcán con regularidad, Raúl pensó en otras opciones: un anuncio en el cine, un suceso en la playa, una salida a pescar...

"Leoncio", cómplice de la sorpresa

Tuvo la idea presenciando un encuentro en el parque de béisbol. Habló primero con el responsable de Mercadotecnia de los Leones, que lo remitió a Francisco Abreu Rosado, quien hasta 2012 personificó a la mascota. Éste accedió a colaborar con la sorpresa y, después de que fijaran la fecha de la propuesta, lo citó en el dugout de las fieras para entregarle el disfraz, en su versión de gala. El día acordado, durante el juego Raúl le dijo a Ana Gabriela que iría al baño y fue al encuentro de Abreu. Algunos jugadores trataron de disuadirlo, recuerda Raúl con humor. “No, amigo, no lo hagas; te vas a arrepentir”, le decían en broma.
Parecía que todo saldría como estaba previsto... excepto por la talla del disfraz, que le quedó “brincacharcos”.

Labor de amigas

La proposición había estado a punto de frustrarse ese día porque Ana Gabriela tenía calentura y no sentía ánimos de ir al juego. Sus amigas la convencieron con el argumento de que por primera vez acudirían con un número grande de amistades, que estuvieron presentes en el parque junto con las familias de los novios, que se sentaron lejos de ellos para no levantar sospechas.
“Ya sabíamos que nos íbamos a casar. No le iba a decir que no”, dice ella, que se define como relajista, sobre la reacción a la propuesta de él, que se considera “cero penoso”. La boda la celebraron en noviembre del año siguiente.
La pareja, que ahora tiene dos hijos: Raúl, de ocho años, y Patricio, de seis, indica que quien desee sorprender a la novia con una pedida de mano inusual debe conocerla bien para hacer algo de acuerdo con su estilo. Ana Gabriela aconseja “que se note el esfuerzo en el hombre” y Raúl, “que se haga algo que siempre recuerden los dos, que nunca olviden”. ¿Tendría que ser costoso? Ambos coinciden en responder que no. Todo lo que se requiere es tener creatividad. “A mí solo me costó las entradas al estadio, las chelas y los polcanes”, finaliza Raúl con una risa.— V.B.M.   [gallery ids="234690,234689,234691"]

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