El arte de hacer manchas

Hacer visible lo inexistente, reto de la abstracción
lunes, 5 de agosto de 2019 · 03:00
Hacer visible lo inexistente, reto de la abstracción Lo que estoy a punto de sopesar en compañía de ustedes es más una charla de sobremesa. Tengan la libertad de discutirlo siempre que deseen con sus personas favoritas. Hablemos, si les parece interesante, de esa cosa llamada arte abstracto. El problema (es decir, el primero de muchos) es la propia definición de “arte”. ¿Qué es arte y qué no lo es? Lo cierto es que no hay respuesta final para esta cuestión. Pero sí que hay prejuicios que nos impiden tener una vista sobre el concepto de “arte”. Por ejemplo, emparejar el ámbito artístico con todo lo que consideremos bonito, ordenado o sublime es una idea bastante común que puede dificultar las cosas al hablar de lo que podemos considerar como arte. Goya, Dalí y Picasso no dedicaron su paleta a decorar con religiosidad y belleza (en todos los sentidos) una capilla, como lo hizo Miguel Ángel. Sin embargo, les llamamos artistas. La dificultad con el concepto “arte”, y todavía más con “arte abstracto”, se acentúa si digo lo siguiente: todo arte implica una abstracción. Abstraemos cuando vemos una cualidad específica de ciertos objetos y podemos separar esa cualidad para pensarla por sí sola. Cuando hemos visto el suficiente número de manzanas, podemos acordar que todas ellas, las que hemos tenido en nuestras manos y las que quizá nunca lo estén, tienen una forma específica, un sabor fácil de distinguir, al igual que una textura inconfundible. Todas estas cualidades las guardamos en una caja mental con una estampa que dirá “manzanas”. Hemos abstraído, entonces, las cualidades que emparentan a todos esos frutos. De ahora en adelante, reconoceremos una manzana cuando la veamos, olamos o saboreemos. En el plano del arte, en especial de la pintura, la abstracción es el elemento fundamental. Todo cuadro, por realista que pueda ser, necesita de la abstracción para funcionar. “¿Qué deseo pintar?”, se pregunta el artista. Si decide pintar una manzana, basta con disponer de todas las cualidades abstractas del fruto para empezar a armarlo sobre el bastidor. Para pintar, basta con tener un huerto en la cabeza. Ahora, digamos que en la pintura se presentan similitudes de la imagen con la realidad, pero nunca las cosas en sí. Pensemos en cualquier obra que muestre un árbol: ahí están las hojas o las ramas, el tronco, y cerca deberán andar las raíces. Pero admitamos que el árbol nunca será nómada. Los árboles reales, los cuales inspiraron la abstracción que vemos en la obra, ni siquiera caben en la mayoría de los lienzos. Los objetos que vemos en las pinturas son imágenes mentales materializadas. Hemos hablado de manzanas, árboles y abstracciones. Es evidente que estamos listos para hablar del arte abstracto. Basta con una pregunta algo tramposa: ¿qué pasaría si lo que intentamos pintar no existe en el mundo real? Imaginen: tenemos una caja enorme llena de cualidades de un infinito número de objetos. En esta caja hay formas regulares y disparejas, colores y tonalidades, texturas y múltiples materiales; hay números, líneas, sonidos, pesos, tamaños… Pero no hay mundo, no hay imagen que concentre todas estas cualidades. ¿Qué hacer? ¿Qué pinta el artista que está solo con lo abstracto? La caja enorme de las abstracciones se derrama sobre un lienzo. Queda la imaginación en estado puro. El desafío del arte abstracto es el de hacer una composición visible de lo inexistente. La creación de elementos nuevos es el único camino. Este arte, al no parecerse a nada que hayamos visto antes, se disfraza de mancha en la mayoría de los casos. Ahora, ¿es toda mancha una obra artística?, ¿el arte abstracto puede interpretarse como a uno se le antoje?, ¿podemos llamarle “arte” a la suciedad en mi mantel tras una buena sesión de guisado? Si derramé café sobre mi camisa, ¿en cuántos millones de dólares debo vender este arte-objeto? Discutamos estas preguntas en otra ocasión, si les parece bien. Mientras la espera se hace breve, les invito a mirar con otros ojos el arte abstracto. El Museo Fernando García Ponce puede ofrecerles piezas artísticas para iniciar esta exploración. La aplicación móvil de Google Arts & Culture es, por otro lado, un recurso en línea muy recomendable.— David Mayoral Bonilla para “El Macay en la cultura”  

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