Genial y romántica

La OSY atrapa los lenguajes de dos grandes músicos
domingo, 24 de octubre de 2021 · 01:30
La OSY atrapa los lenguajes de dos grandes músicos Magna vestidura contempló el sexto concierto de la XXXVI Temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán. Para asombro y gusto aparecieron las evidencias geniales de Wolfgang Amadeus Mozart y la convocatoria hacia románticos modos tan propia de Roberto Schumann. Anteanoche, en la belleza de su sede, el Teatro Peón Contreras, atenta a las apuntaciones del maestro Juan Carlos Lomónaco, nuestra orquesta sobrepasó un nuevo peldaño en el respeto colectivo al atrapar, de nuevo, el lenguaje propio y reconocible de cada autor. De entrada, la perfecta retórica de Mozart nos alcanzó en los tres movimientos de la Sinfonía número 38 que lleva el sobrenombre de “Praga”, esa ciudad que amara tanto al compositor —y era correspondida— hasta el grado de aceptar el estreno de la ópera “Don Juan” y otras grandezas. Praga, la ciudad, bulliciosa y generosa, se perfila en la pieza que lleva su nombre. Vitalista, aunque con breves sombras; inclinada al optimismo, con ritmicidad persistente. Robbins Landon asegura que, con ella, Amadeus desecha el ejemplo de “papá” Haydn y se enfila hacia el horizonte celestial de sus tres últimas y esplendorosas sinfonías. Don Juan Carlos ingresó con tacto en la lenta introducción con su jugar de variaciones que avanzan hasta conducirnos hacia un Allegro sincopado que se extiende como nunca antes en una sinfonía mozartiana. Trompetas y tambores otorgan un matiz festivo, varios instrumentos proponen líneas melódicas con gran colorido. En algunos compases hay reminiscencias de “Don Giovanni”. El maestro Lomónaco fue atinado en el hermoso Andante con el balance de las secciones, en el tejer en contrapunto en las repetidas frases entre alientos y cuerdas. Son muchas las emociones a las que accedemos en este instante en el que don Wolfgang despliega múltiples recursos que su genio le propone sin reservas. Con el brío requerido se desarrolló el contundente Presto final. Con aquellas frases que recuerdan un dueto de “Las bodas de Fígaro” y ese efecto disonante en busca ya de nuevos caminos para la atención del público. Con sus pequeños e ininterrumpidos cambios dinámicos y la intensidad emotiva que anticipa sus tres últimas y grandiosas sinfonías. Los oyentes agradecieron con vivas palmas la correcta lectura de nuestra orquesta. Un año necesitó don Roberto para finalizar su Sinfonía número 2 en Re Mayor. Había grietas en su salud.. Apenas acababa de superar una de aquellas “crisis nerviosas” que lo llevarían pronto al manicomio. Su esfuerzo de elaboración debió ser titánico, aunque pudo demostrar cuánto había avanzado en el conocimiento del contrapunto, sobre todo después de estudiar —por recomendación de Mendelssohn— a Juan Sebastián Bach. Correcta en tiempo y acentuación fue la lectura que recibimos. Captamos esa lenta y como reverente introducción, así como las fanfarrias de metales y el doblar del timbal nos llevaron al Allegro, rico en uso del contrapunto, con su firme tema rítmico y un correcto proyecto cromático hasta alcanzar brillante final. Percibimos ese nervioso y movido Scherzo con frases intercambiadas entre oboes, flautas y cuerdas; paso previo al bello Adagio expresivo con uno de los logros melódicos más cabales de don Roberto, sobre todo en la repetición del tema principal por el oboe. En el rondó final —Allegro molto vivace— aparece más claramente el espíritu romántico que hospedaba Schumann con un tema rítmico y otro repleto de lirismo, un poco homenaje a Mendelssohn, cuya sinfonía italiana evoca en cierto grado. Para redondear la obra, la fanfarria del inicio retorna y algunos críticos han querido leer en ese detalle el triunfo moral del autor sobre sus dolencias. El agrado del público se expandió en aplausos con plena justicia por el grato momento.— Jorge H. Álvarez Rendón  

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