Histórico sitio recupera antiguo y dulce esplendor

La Confitería del Molino, famosa por su pastelería
lunes, 25 de octubre de 2021 · 01:30
La Confitería del Molino, famosa por su pastelería BUENOS AIRES (AP).— Antonio Sanchis Cañadell recuerda con nostalgia cuando tiempo atrás decoraba los postres en la Confitería del Molino de Buenos Aires y, en especial, añora el pastel con chantilly y crema pastelera a la que apodó Sardana. Varias décadas después, y con 94 años, el pastelero desea regresar a ese icónico café de estilo Art Nouveau, al que arquitectos y restauradores pretenden devolver el esplendor de antaño. “Una de las recetas que traje de Barcelona era la de la Torta Imperial. Acá le puse el nombre de Sardana.... Me gustaría mucho volver a recordar los tiempos pasados, ir a comerla en la Confitería del Molino”, dice. El pastelero, uno de los tantos inmigrantes que llegaron a Argentina desde España y otros países de Europa en la primera mitad del siglo XX, comenzó a trabajar en ese local en 1947 y permaneció allí hasta diez años antes de su cierre en 1997. Su deseo y el de muchos otros vecinos de la capital está cerca de cumplirse. Después de tanto tiempo de abandono, la Confitería del Molino, testigo desde 1916 de la vida política, intelectual y social de Buenos Aires, y su edificio Art Nouveau recobran su grandiosidad gracias a los trabajos iniciados en 2018 que apuntan a convertirlo de nuevo en epicentro de la cultura. Para la puesta en valor del café, al que acudían celebridades como Carlos Gardel y Jorge Luis Borges, los restauradores se apoyaron en fotografías aportadas por antiguos empleados y objetos donados por vecinos. Nazarena Aparicio, integrante del equipo de arquitectos a cargo de las obras, explica que la idea es recuperar el “espíritu original” de la confitería y el edificio, en la zona céntrica de la capital argentina. No solo la confitería en la planta baja volverá a recibir público, también lo hará el salón de fiestas del primer piso. Entre las plantas segunda y quinta, donde antes había departamentos, funcionarán “un centro cultural para jóvenes artistas argentinos y un museo que contará la historia del edificio y su puesta en valor”. El edificio, de 7,000 metros cuadrados y situado frente a la sede del Congreso, es una de las joyas del Art Nouveau en Argentina y Monumento Histórico Nacional. “Toda la vida social y política ha pasado por este lugar. En la confitería instalada en la planta baja se encontraban personalidades de la cultura y la política y se celebraban un montón de eventos”, subraya la arquitecta. El café era conocido como la “tercera cámara”, ya que diputados y senadores solían trasladar allí sus debates. En 1930 gran parte de sus instalaciones fueron destruidas durante el golpe de Estado que echó del poder al presidente Hipólito Yrigoyen. Reabrió un año después. Además de Borges, otros escritores que lo visitaban eran Roberto Arlt y Ramón Gómez de la Serna. Algunos de los artistas que se hicieron ver fueron los tenores Raffaele Attilio Amedeo Schipa y Beniamino Gigli. El local era famoso por la calidad de su pastelería, que se preparaba en la cocina del subsuelo, según las indicaciones de su propietario italiano. Se dice que Gardel pidió que prepararan un pastel especial para su amigo Irineo Leguisamo, conocido jinete de carreras uruguayo, y así nació el Postre Leguisamo, elaborado con almendras, castañas, chocolate y dulce de leche, y que se convirtió en un clásico junto al Imperial Ruso, a base de merengue francés, mantequilla y almendras. Otros muy demandados eran el Rubí y el Aristocrático. En 1996 Madonna grabó en uno de sus salones el vídeo de “Love Don’t Live Here Anymore”, aprovechando su presencia en Buenos Aires para filmar la película “Evita”. Todo el conjunto tiene valor sentimental para muchos capitalinos que recuerdan la celebración en sus salones de bodas, cumpleaños y otros acontecimientos. “Tenemos un trabajo muy activo con la comunidad para recopilar información, fotografías históricas con las que pudimos recrear algunos espacios y componentes que estaban perdidos; por ejemplo, gracias a una foto de un evento social replicamos el rosetón central de bronce de la baranda del palco” del salón de fiestas, explica Aparicio. La confitería cerró en 1997 luego de que sus dueños se declararan en quiebra y los departamentos de las plantas superiores se fueran deteriorando. El Parlamento aprobó en 2014 una ley para expropiar todo el inmueble con el fin de recuperarlo. Cuando el equipo de rescate llegó al lugar el abandono era evidente. Separó los residuos de los hallazgos arqueológicos y dispuso que se drenara el agua que había inundado los subsuelos. Reforzó las estructuras y luego avanzó con la puesta en valor de vitrales, columnas de mármol, aberturas de madera y esculturas de hierro y bronce del espacio interior. Ahora la fachada luce como nueva, lo mismo que la torre cúpula y sus grandes y coloridos vitrales, así como las aspas situadas debajo, que volvieron a girar. El salón de la confitería y el de fiestas estarían listos en las próximas semanas y se avanza en la restauración de la marquesina, un techo semicubierto que cubre todo el perímetro al nivel de la planta baja y cuenta con 160 metros cuadrados de vitrales. Unos 27,000 objetos hallados dentro del edificio, entre botellas, recipientes para guardar comida, piezas de vajilla y manteles, formarán parte de la colección del museo. Está previsto recuperar las viejas recetas de pasteles, tartas y otros productos atesoradas por sus empleados. “Tuvimos que reformular el trabajo con burbujas, sectorizando las áreas de comida y rotando el horario de ingreso del personal, pero en agosto de 2020 pudimos reiniciar las tareas”, apunta el asesor de patrimonio cultural Guillermo García, compañero de Aparicio en el área técnica de la Comisión Bicameral Administradora del Edificio del Molino, formada en el Congreso. “Es una gran satisfacción su restauración porque se lo merece, por la historia que tiene”, manifiesta Sanchis Cañadell, quien espera asistir a la reapertura del local.

Confitería Detalles

Una vez que sea recuperada se daría en concesión para que un inversor la gestione. Orígenes Nació en realidad en otra esquina de Buenos Aires a mediados del siglo XIX y tomó su nombre del molino a vapor Lorea, el primero harinero instalado en la ciudad. Diseño En 1905 se trasladó a su actual sitio. Luego sus propietarios encomendaron al arquitecto italiano Francisco Gianotti la construcción del inmueble.

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