Religión

Dejó todo para seguir a Dios

domingo, 23 de enero de 2022 · 02:09

Con un futuro profesional asegurado, Claudina Cervera Calero dejó todo para seguir a Dios en la comunidad de las Bienaventuranzas y ahora reside en Bélgica.

“Tenía muchos planes, tenía todo lo necesario para ser feliz pero sentía un vacío; en ese momento surgió el llamado y dejé todo”, compartió la religiosa yucateca.

Claudina Cervera recibió la consagración de profesión perpetua en la comunidad de las Bienaventuranzas en una ceremonia realizada el sábado pasado en Thy le Chateau, Bélgica, en donde permanecerá hasta que le asignen otra encomienda. La yucateca recibió el nombre religioso de Sor Elizabeth. La iglesia del poblado se llama María Mediadora de todas las gracias.

La religiosa fue enviada a la comunidad de Bélgica en 2020, después de permanecer en Francia una década.

En Mérida cursó estudios en el Colegio Peninsular Rogers Hall y la carrera de Actuaría en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Autónoma de Yucatán.

El llamado

Su primer llamado lo experimentó entre los 15 y 16 años, cuando cursaba la preparatoria. “Fue la primera vez que escuché el testimonio de unas hermanas consagradas que habían dejado todo para seguir a Cristo y sentí ese llamado de dejarlo todo para seguir a Cristo”, compartió la religiosa de 38 años.

Pero en ese momento ella tenía muchos planes, “quería casarme, estudiar, realizarme profesionalmente y dije ‘Señor te doy mi vida pero a mi manera’, no quería darle las riendas totales y seguí mi vida”.

Sin embargo, esa decisión causó un vacío en ella hasta que durante una peregrinación a Medjugori, Bosnia-Herzegovina estando frente al Santísimo Sacramento, el amor de Dios resonó de una manera diferente en su corazón.

En ese momento eligió a Dios sobre todas las cosas. “Le dije ‘Señor, aquí te doy mi vida, no importa lo que desees, si es casarme, si es consagrarme a ti, estoy segura que va a ser por mi felicidad, sólo muéstrame cuál es el camino de mi felicidad’ y en ese momento sentí realmente la pregunta muy clara en mi corazón: ‘¿Me seguirías incluso si es en la vida consagrada?’”.

Ese llamado llegó al fondo de su alma, “era radical”, pero también hubo muchos miedos. “No conocía la vida consagrada ni a otras religiosas; conocía a sacerdotes, por eso lo desconocido da mucho miedo”.

También pensó en lo que dirían sus familiares, “cómo van a reaccionar”, pero sintió la necesidad de “seguir y descubrir si esto es lo que quiero, y si sí es, voy a tener las fuerzas para afrontar lo que sea”. Y fue así como inició su camino de discernimiento.

En la Arquidiócesis de Yucatán participó en un círculo vocacional a escondidas de su familia. “En ese momento no le decía a nadie, únicamente lo sabía una hermana y un sacerdote que me acompañaba”.

Ella quería estar segura para luego poder contarle a los demás y fue así cuando decidió hacer una experiencia en la comunidad de las Bienaventuranzas y llegó a Francia con el pretexto de aprender francés.

En Europa, “estando lejos de todo era más feliz; la vida de oración, la liturgia y la comunión fraterna me llamó mucho la atención y llegó la certidumbre interior de que aquí es mi lugar”.

Su acercamiento

La religiosa yucateca conoció a la comunidad de Bienaventuranzas al asistir a un festival de jóvenes en Medjugori. “Estaba delante del Santísimo, ahí había una hermana de las Bienaventuranzas que animaba las danzas y las alabanzas; era joven, estaba radiante, era feliz con el amor de Dios”.

Esa religiosa causó tal impacto en ella que decidió acercarse y compartirle sus dudas, inquietudes y miedos; “mantuve contacto con ella a pesar de que regresé a México; fue por ella que conocí la comunidad”.

A la comunidad religiosa ingresó en 2011. Luego del Aspirantado cursó un año de Postulantado, luego el Noviciado y los votos temporales y hasta que el fin de semana pasado realizó sus votos definitivos. “Llegar a este momento es entregar la vida totalmente a Dios y para toda la vida”.

“En la comunidad hice votos de castidad, obediencia y pobreza; es para toda la vida”, subrayó la religiosa, quien fue vecina de las colonias García Ginerés y Buenavista, de Mérida. La joven pertenecía a la parroquia de María Inmaculada.

En 2018 se tomó un tiempo fuera de la comunidad en Francia, ya que necesitaba maduración humana. Regresó a la comunidad en 2019 y posteriormente fue enviada a Bélgica.

Ella se encarga de la contabilidad de la casa, la evangelización con jóvenes y la atención del jardín, entre otras actividades.

La comunidad de las Bienaventuranzas es de origen francés, fue fundada en 1973 y tiene una casa en Puebla. Es una familia eclesial de vida consagrada, con tres ramas: las hermanas consagradas y los hermanos consagrados que pueden ser sacerdotes o religiosos y laicos.

Sor Elizabeth exhortó a los jóvenes a no tener miedo si sienten el llamado. Recordó las palabras que decía san Juan Pablo II: “no tengan miedo y avancen, tengan confianza en Dios, él lo único que desea es su felicidad”.

Dios es fiel y a pesar de las dificultades que puedan haber siempre te da la gracia siempre está a nuestro lado, Él nos sostiene.

“La vocación es un regalo, es un don de Dios, es algo extraordinario sostenido por la gracia”, aseguró.

Sor Elizabeth es hija de Carlos Cervera Ortiz y Flor Calero Rosado. Nació en Mérida el 14 de agosto de 1983.

La Arquidiócesis de Yucatán se unió al regocijo familiar y deseó a la religiosa yucateca un futuro promisorio dentro de sus encomiendas al servicio de Dios Nuestro Señor.— CLAUDIA IVONNE SIERRA MEDINA

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