Imagen

El amigo que no tuve

.
sábado, 29 de enero de 2022 · 00:45

Mi primera mascota se llamó “Laika”, tenía 6 años de edad y por haberse comido una olla entera de mole fue sacrificada. Hasta hoy la recuerdo como si fuese un cuadro de Botero, como una pelota que contrabajo rodaba. La otra “Laika” a la cual la mía debía su nombre también había sido sacrificada, pues fue el primer animal que murió en órbita a bordo del Sputnik 2, el 3 de noviembre de 1957. Estos dos sucesos bloquearon mi relación con los perros por el trauma y dolor que me causaron (a la perrita rusa la soñé muchos años asfixiándose y a la mía ahorcada de una cuerda de un pozo muy oscuro y profundo).

Después de esto pasaron muchos años hasta que en la Colonia México apareció como un copo de nieve “Junior”, a cuyo amo, un extraordinario ser humano, aún extraño.

El segundo encuentro fue maravilloso y se dio en la Ciudad de México en el departamento del jefe de la Oficina de la Presidencia de México, Joseph Marié Córdoba Montoya (1989), una noche que llevé una colección de orquídeas que me habían comisionado y me recibieron dos galgos hembras majestuosas sentadas en una impecable pose compuesta de elegancia y aristócrata perfección.

Más tiempo pasó, hasta que hace dos años, al inicio de la pandemia, apareció “Timoteo”, cuyo retrato acabó sirviendo a una noble causa para recaudar fondos.

El perro y el arte

Hace unas semanas la fotógrafa Sandra Thompson me presentó a su fiel compañera “Luna” y entonces entendí que había llegado el momento de viajar en el tiempo con la figura del Perro y el Arte: Altamira y Lasxcaux en la Prehistoria, mas tarde en el esplendor de Egipto el dios egipcio Anubis era representado por un galgo egipcio. También lo retrataron los griegos y los romanos, y cuando llega la Edad Media, con las penurias de las guerras y el hambre, al igual que los gatos pasa a ser considerado como peligroso, ya que ha pasado a una vida más salvaje y carroñera.

Van pasando los siglos hasta el año 800 A.D. que vuelve a ocupar su lugar como ayudante en la caza.

En el Renacimiento su presencia empieza a abundar en pinturas, a ser animal de compañía y es Tiziano quien retrata a Federico II Gonzaga con un perrito blanco, ajeno a la caza, antecesor del caniche actual.

Velázquez y Goya expresan en sus pinturas el cariño que tenía la aristocracia de la época por estos fieles peludos. “Salomón” se llama el mastín que aparece en el cuadro de las Meninas.

En el S. XVII ya se aprecia un aumento en las razas caninas. Pintores italianos, holandeses, alemanes, españoles lo retratan en paisajes y playas con pescadores como en campos con campesinos.

En los S.XIX y XX el panorama cambia, se consolida la democracia después de la Revolución Francesa y desaparecen muchos privilegios, en particular los de la caza.

Ya a finales de los siglos XIX y XX aparecen las vanguardias artísticas, donde la imitación de la naturaleza ya no es el principal interés. Todo lo que sea academia, de tradición realista o victoriana se rechaza. La pintura animalistica se transforma.

En 1903 se crean una serie de pinturas de perros jugando al poker, hoy un verdadero icono, el pintor americano C.M.Coolidge, pinta para una marca de cigarros “Perros jugando al Poker”.

Pablo Picasso en 1905 pinta un cuadro llamado “Niño con perro”, el artista tenía una devoción por los perros siendo “Salchicha Lump” su favorito.

Andy Warhol: “El retrato de Maurice” (1976).

Hoy estoy planeando, cuando regrese de presentar en Brasil mi exposición “Sisal Imágenes de un Puerto... Las Velas Extintas”, una exposición de arte exclusiva para que los perros la visiten... la vida es bella.

*) Artista plástico

 

Otras Noticias