Jorge H. Alvarez Rendón: Un misterioso Cordero

miércoles, 5 de enero de 2022 · 01:30
Vi la película “Cordero”en la sala 2 —asiento 13 — de un multicinema del norte meridano. Durante la proyección solo hubo en la sala tres personas: un matrimonio de mediana edad y el servidor de ustedes. Al concluir la cinta, el caballero, como de 45 años, me preguntó muy intrigado: ¿Ese personaje con cuernos era el Diablo? Podría ser el Diablo, pero también Dionisos o aquel Tangrisnir (dienteschocantes) de la mitología escandinava. Recuerde que la película es islandesa. Seguro estoy que aquella no fue la única duda que despertó en aquel caballero esta película que recibió una distinción en el Festival de Cannes. “Cordero” es una narración que no explica, solo sugiere, empuja a la suposición, intriga para que intentemos hallar relaciones, nexos entre humanidad y naturaleza, realidad y fantasía, vida real y experiencia onírica. Paisajes nórdicos en amplios cuadros, durante invierno y primavera, nos acompañan en los cuatro capítulos en que el filme se divide. Montañas, llanos de pastura, caminos lodosos, tierra de cultivo, rebaños de corderos, un perro pastor, un gato gordo. Y silencio, mucho silencio. En ese ámbito feraz –inquietante atmósfera— habita un matrimonio que intuimos infeliz por razones que no se dilucidan del todo. En su diaria rutina es visible la inclemencia del hastío y la conformidad. Ella —María— tiene pendientes en el pasado y él —Ingvar— tiene curiosidad hacia el futuro. Un suceso en noche navideña —parto de una híbrida criatura— prende la hoguera de los interrogantes y desde ese punto queda el espectador a la deriva, alimentándose de sugerencias, palabras al vuelo, signos extraños en la naturaleza circundante y escenas de coyuntura apenas perfiladas. No se sabe si es sueño o delirio, presencia sobrenatural maligna o benéfica. El viento mueve unas cortinas, un pariente llega de algún sitio remoto, flores son depositadas en una tumba por las montañas, el perro guardián marcha al ocaso. El desenlace podría interpretarse como si la naturaleza —fuerzas telúricas— aplicasen sanciones por fracturas del orden biológico. La garra del vigor original del planeta enmienda el capricho humano, la suplantación monstruosa de una hija muerta —Ada— por un ser indefinido y ambiguo. Es esa textura de misterio no aclarado ni definido lo que hace tan atractiva esta película del realizador islandés ValdimarrJohannsson con la colaboración en la fotografía de Eli Arenson. La actriz Noomi Rapace convence en la piel de la esposa confusa y atormentada. HilmirSnaer desempeña con propiedad el personaje del esposo. Una vieja canción del grupo Beach Boys —“God Onlyknows” (Solo Dios sabe)— sirve como emblema simbólico de la cinta. Cronista de la ciudad