Renglones

Margarita Díaz Rubio: La madre está en el corazón

martes, 10 de mayo de 2022 · 01:30

Abril 23 de 1951. 3:30 p. m. Ese mes, ese día y a esa hora, en el colegio “Jenaro Rodríguez Correa”, de esta ciudad, se efectuaba un programa en donde las niñas interpretaban una sencilla velada musical cuando, de pronto, una de ellas estalló en largos y dolorosos sollozos. Una angustia inexplicable le atenazaba la garganta logrando mitigar el dolor con el bálsamo milagroso de las lágrimas.

Las amigas, tratando de consolarla, se miraban entre sí desconcertadas hasta que una de ellas encontró la explicación: es natural, su mamá está muy enferma.

En la Ciudad de México y después de una larga y penosa enfermedad la madre de esa niña dejaba de existir en el mismo instante del llanto inconsolable de la hija. La mujer, joven aún, cerraba los ojos con dulzura y resignación poniendo, en manos de Dios y de Su Santísima Madre, a los cinco hijos que dejaba en la orfandad y al padre de ellos, su esposo.

De esto han pasado muchos ayeres y la niña , ya en la madurez, aun no puede hablar de la madre pues al hacerlo un extraño silencio le invade el alma.

El dolor lacerante de la falta del ser que le dio la vida está aún a flor de piel. Recuerda el comentario de una compañera en los años de la secundaria: “no quiso a su mamá, pues nunca habla de ella”.

La presencia de la madre siempre ha estado en el corazón de la hija tratando, ésta, de homenajearla con sus actos para, de esta manera, no herir su noble corazón. Ante los errores humanos siempre se pregunta si ella se sentiría orgullosa de su actuación y trata —hasta donde es posible— de comprender y enmendar las fallas.

El don precioso de la existencia, el cariño de los hijos, el apoyo del compañero y la sonrisa de los nietos y bisnietos le hacen pensar en la eterna despedida y en el glorioso despertar. En la unión del espíritu y en la dádiva del vivir. En el abandono a la voluntad de Dios y en el trabajo de la siembra. Mira la cosecha con ojos de eclipse terrenal sintiendo que el sacrificio valió la pena y, sobre todo, que la ausencia no es olvido.

Presidenta del Patronato Pro Historia de Yucatán.

 

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