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Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos: Ya no está con nosotros

jueves, 19 de mayo de 2022 · 01:30

El hecho de negar la realidad de que alguien ya no está con nosotros porque ha muerto es una defensa temporal de nuestro sistema emocional que permite amortiguar el golpe y aplazar parte del dolor que nos produce una pérdida.

Negamos una realidad, nos defendemos emocionalmente para no enfrentar cruel y fríamente que nuestra persona amada y querida, ya no está con nosotros. La negación se convierte así en la primera etapa de nuestro proceso de duelo.

“Esto no me puede estar ocurriendo a mí”, “no puede ser”, “es una pesadilla o un mal sueño”, “pellízcame por favor”, son solo algunas frases que utilizamos para evadir la realidad de la experiencia de la muerte que se ha hecho presente.

Pero la negociación puede darse después de que se produzca la muerte del ser querido. En tal caso, fantaseamos con la idea de revertir el proceso y buscamos estrategias para hacer que eso sea posible. Por ejemplo, es frecuente intentar negociar con entidades divinas o sobrenaturales para buscar revertir la experiencia trágica vivida, a cambio de modificar el estilo de vida y “reformarse”. En ocasiones, el dolor es aliviado imaginando que hemos retrocedido en el tiempo y que la tragedia que hemos vivido no ha tenido lugar...

El duelo es el proceso por el cual los seres humanos nos enfrentamos al dolor y al sufrimiento y nos reconocemos vulnerables, y después aceptamos la sanación de la herida que provocó la muerte de esta persona que tanto amábamos.

Hay muchas preguntas que nos hacemos ante la muerte de un ser querido. Estas preguntas nos pueden angustiar si no encontramos respuestas, y la mayoría de las veces así sucede. No te preguntes por qué se murió, sino mejor ¿para que aconteció esto? ¿Qué lectura le puedo dar a mi vida después de este acontecimiento?

No huyamos ante las distintas etapas del duelo, pues es necesario y sano atravesar por ellas. Al ser diferentes, cada uno de nosotros podemos atraversar más rápido o más lento, según nuestras experiencias, temperamento y carácter. Si nos toca vivir una etapa, vivámosla con entereza y auténtico espíritu, pidiéndole a Dios su sabiduría y paciencia para dejarnos conducir y pidiéndole que nos sane de esta herida que produce el sufrimiento.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, coordinador Diocesano para la Pastoral de la Vida y doctorando en Bioética

 

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