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Raúl Alcalá Erosa: Las piedras parlantes de Rozo

viernes, 20 de mayo de 2022 · 01:30

Nací el 23 de abril de 1956, mi padre fue el señor Rómulo Rozo Peña, de oficio escultor, oriundo de Colombia, por lo tanto, podría decirse que soy colombo-mexicano, aunque, a decir verdad, me siento orgullosamente yucateco.

El día de mi nacimiento vino hasta el señor Adolfo Ruiz Cortines a conocerme; luego me enteré que era el presidente de este bello país que escogió mi padre para vivir el resto de su vida y realizar su trabajo, o sea, a mí.

En mi pétrea piel, mi padre grabó, a manera de tatuaje artístico, mucho antes de que se pusiera de moda, figuras de personajes que representan el devenir histórico de la nación, desde antes que llegaran los señores españoles, hasta mucho después.

Mientras me decoraba, cantaba canciones de su propia inspiración, como esa de “Los clarineros”, con su peculiar tono de voz, pronunciando como los viejitos, sin serlo, acompañándose en sus pocos descansos con guitarra y amigos troveros que lo visitaban.

Se han escrito muchos artículos y libros sobre mi existencia y la vasta obra de mi padre. Entre ellos, el Sr. Antonio Mediz Bolio, escribió lo siguiente:

“Estas piedras hablan y solo es necesario entender lo que dicen, por más que lo que dicen, se sienta penetrando en nuestro corazón”.

Mucho tiempo después, un amigo de la familia hizo también mención de mi voz en un libro titulado: “Las piedras parlantes de Rómulo Rozo”.

A mis 66 años de edad he visto pasar a mi alrededor, textualmente dada mi forma circular, un sinnúmero de visitantes que me honran con su presencia, hablando en idiomas diferentes, mismos que se toman muchas fotos junto a mí, en todas las posiciones imaginables. Incluso desde modernos drones volantes, para llevarse a sus lugares de origen. No entendía, como hasta la fecha, sus palabras, pero sí algo que es inolvidable: sus sonrisas, el idioma universal, otra herencia paterna.

También recibo, con gusto, la visita de muchos niños con sus madres o sus maestras, que les explican con cariño algunas de las figura de las más de 400 que me adornan. Vienen también estudiantes mayores a realizar sus tareas de historia con sus inseparables teléfonos - cámara.

A mi “avanzada edad”, he visto transformarse mi entorno, desde mi casa, y la de ustedes, en la cuarta y última glorieta del Paseo de Montejo. Desde aquí he sido testigo de la evolución urbana y de sus amables y cultos habitantes, tanto de los afortunados aquí nacidos, como los, como mi padre, que han elegido aquí residir.

También me enorgullece ser tomado en cuenta como escenario de conciertos musicales, convencionistas que vienen a tomarse la foto grupal del recuerdo, de recién casados, de actos políticos e incluso de manifestaciones masivas en reclamo de justicia social.

Si mi presencia y mi piel tatuada han servido para alguno de los propósitos mencionados, creo que el esfuerzo de 11 años de ardua labor de mi señor padre, habrán valido la pena. Con orgullo infinito les doy el nombre de mi madre: Patria.

Arquitecto, escritor e historiador yucateco. raulae@gmail.com

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