Imagen

Mónica Lavín revela sus gozos familiares

“Últimos días de mis padres” es a la vez feliz y triste
domingo, 19 de junio de 2022 · 01:30

MÉXICO (EFE).— Transformar el dolor en belleza es el mensaje de “Últimos días de mis padres”, la novela más reciente de Monica Lavín, quien asumió la escritura del libro con colores a la manera de un cuadro de Matisse.

“La escritura tiene un afán de búsqueda estética. No sabía que al ponerme frente a esos días en los que mis padres dejan de estar aquí lo que iba a hacer era reconstruir ese vínculo de amor conmigo y el mío con ellos”, explica la autora.

La novela de 249 páginas, editada por Planeta, está escrita con un tono íntimo, en el cual Lavín comparte recuerdos, expresa emociones y reflexiona acerca de la ausencia, mientras crea con palabras imágenes de la vida de sus padres.

“Vivieron con un espíritu de apetito y gozo por la vida, venían de situaciones difíciles. Tuvieron que forjar un camino que a mí me fue dado de manera gratuita. Yo viví entre libros, por ejemplo, y mi padre estudió hasta tercero de secundaria y era huérfano de padre desde los dos años”, revela.

Con un camino recorrido como cuentista y con varias novelas, entre ellas “Yo, la peor”, Premio Iberoamericano Elena Poniatowska, Lavín considera que “la vida vale la pena, jugarse el riesgo del amor en pareja, construir una familia, mirar el arte, la pintura, oír la música, eso enriquece una manera de estar en el mundo”.

“Es algo que me comunicaron y me dieron. Por eso hay agradecimiento”.

Escribir “Últimos días de mis padres” implicó para la autora desnudarse ante sus lectores, a tal punto que al terminar el libro se sabe cómo es la forma de su cuello, la de su cabeza, si sus muslos con largos y si sus manos tienen o no venas.

“Sé cuáles son los puntos que vuelven a apretarme el corazón, pero claro que sonreí y claro que me despertaba diciendo hoy de qué voy a escribir. Por ejemplo, lo de los muslos fue maravilloso, cuando mi madre me reveló que los tengo como mi padre. A sus 90 años supe que tenemos un rasgo físico que nunca había advertido”.

Las anécdotas de las vacaciones, la alegría de la convivencia se junta con la tristeza del golpe sufrido por algún miembro del clan. En la catarsis, Lavín enfatiza los detalles y deja el mensaje de que el dolor puede ser convertido en amor.

“Estamos hechos de amor; nacemos por el amor de nuestros padres. Nadie te mira ni te querrá de la misma manera, son otro tipo de amores los que te rodean. Mi madre, cada artículo mío que salía en el periódico, lo leía, me hablaba y me lo comentaba. Eso ya no existe; ya no tengo la lectora devota que era mi madre”, admite.

En el libro hay una crisis familiar. Triste, la madre queda sentada en el sillón; entonces Mónica saca en cuenta que es como la figura de un cuadro de Matisse, pero sin colores: “Mujer sobre sillón mirando la terraza”.

“Mi mamá sacaba las mascadas de su cajón y en lugar de ponérselas hacía cojines preciosos. Eran cuadros de Matisse. Además ella nos leía a mi hermana y a mí cuando éramos niñas, abríamos libros de artes y platicábamos de Matisse”, revela.

Otras Noticias