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Padre Manuel Ceballos García: Homilía del domingo 19 de junio

domingo, 19 de junio de 2022 · 01:30

¿Quién dicen que soy yo?

Jesús tiene conciencia de su dignidad y su misión, sabe quién es. Pero la gente anda despistada y rondando el misterio, sin entrar en él. Unos dicen que es Juan el Bautista, otros que el profeta Elías, y otros que uno de los profetas antiguos que habría resucitado. Además, Jesús quiso saber qué piensan aquéllos que son sus amigos, sus discípulos, a los que les había abierto el corazón y les había reunido en torno suyo.

San Pedro respondió en nombre de los Doce. Lo que dijo de Jesús era la expresión de un conocimiento que le había sido dado, que no procedía “de la carne y de la sangre”, es decir, de ninguna persona, sino de Dios Padre. Nadie puede entrar en el misterio de Jesús si Jesús no se manifiesta, se le abre, y si Dios Padre no lo introduce en Jesús.

Sin embargo, Jesús prohibió a los suyos que fueran diciendo a la gente que él era el Mesías de Dios. Recuérdese cómo los contemporáneos de Jesús pensaban en un Mesías que restablecería el reino nacional y libraría a Israel de la presión extranjera.

El significado de la persona, de las palabras y obras del Maestro, de la misión y del mensaje del Mesías de Dios, lo descubrirían los discípulos tan solo a la luz de los acontecimientos de su pasión, muerte y resurrección.

Jesús, pues, improvisadamente, hizo una pregunta fundamental, que todo católico debe hacerse: ¿Quién es Cristo para mí? Según el relato de San Lucas, para aquella gente Jesús no era una novedad absoluta puesto que estaba en la lista de las personas excepcionales que han llevado al mundo una palabra divina capaz de sacudir los corazones y las conciencias (el Bautista o el profeta Elías, por ejemplo). Pero San Pedro respondió diciendo que Jesús es el consagrado en el Espíritu Santo que ofrece a la humanidad la Palabra y la presencia perfecta y definitiva de Dios dentro de nuestra historia.

Él es el Salvador, es el poder liberador de Dios que penetra como la levadura en la masa fría de nuestra humanidad. Ciertamente Jesús es el Mesías salvador que no sigue el camino del triunfo imperialista sino el de la entrega de la vida misma por las personas amadas y por salvar. Según Jesús, hay que recorrer con Él el sendero de “sufrir mucho”. Los verbos utilizados por Jesús son como golpes contra toda comodidad religiosa: negarse a sí mismo, tomar la cruz, perder la vida. Se trata de la entrega radical que se convierte en fuente de salvación y de gloria.

San Lucas escribe “tomar la cruz” pero le añade un sugestivo “cada día”. La adhesión a la vía de la cruz pasa a través de las horas y de los días, a través de las obras sencillas, a través de la fidelidad continua y escondida. Pero, ojo, el horizonte que el dolor y la fidelidad abren está destinado a la liberación y a la salvación definitiva.

 

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