Imagen

Orpheus celebra sus dos décadas con un concierto

domingo, 26 de junio de 2022 · 01:30

Así como de las nervaduras de los grandes árboles van apareciendo ramillas que prosiguen el cauce de la vida hacia lo alto, de la misma manera, en las grandes agrupaciones sinfónicas se desprenden grupos más pequeños de intérpretes para desplegar las velas de una música más íntima y apacible.

Cuatro músicos de nacionalidad búlgara, asociados a la Orquesta Sinfónica de Yucatán, integraron, desde su llegada a Mérida hace veinte años, un grupo camerístico llamado Orpheus (como el mítico tocador de cítara) en el que se combina el piano como ancla con el típico trío de cuerdas: violín, viola y chelo.

En otros remotos tiempos, antes de los aparatos de reproducción técnica de los sonidos, la forma usual de “escuchar música” era vivencialmente. Y si no se podía contar con una orquesta, pues se hacían acomodos con los instrumentos que hubiese.

Como en las casas de la burguesía o la nobleza había siempre algún piano, alrededor de éste se organizaban dúos, tríos, cuartetos y demás agrupaciones. Algunos hermanos y padres, después de la cena (recuérdense los hogares de Bach y Mozart) se entretenían ejecutando sonatas y divertimentos. A esa clase de música se le llamó “de cámara” o de lugar pequeño y de ingreso reducido. En nuestra Mérida se han organizado grupos camerísticos desde mediados del siglo XIX a cargo de entusiastas aficionados y uno que otro profesional como refuerzo.

Recordemos —de paso— aquel grupo que, en la tercera década del pasado siglo, obró bajo la dirección del maestro Juan Garavito y en el que hicieron sus ejercicios de aprendizaje personas tan conocidas como Juan Campos Casares, doña Delta Muñoz, Filiberto Pinelo y los hermanos Goff Rendón.

Pues para celebrar esos veinte años de su integración como Orpheus, la pianista Irina Decheva, la violinista Iliana Stefanova, el violista Nikolay Dimitrov y el chelista Veselin Dechev ofrecieron anteanoche, en el Teatro Peón Contreras, un recital con piezas de Félix Mendelssohn y Gabriel Fauré, situados en los puntos extremos del romanticismo.

Antes de la presentación de la ofrenda musical, el licenciado Miguel Escobedo Novelo, en nombre de la OSY, pronunció palabras de felicitación, así como la secretaria de Cultura, maestra Loreto Villanueva Trujillo, les entregó un diploma.

Como apunta Alejo Carpentier, uno de los problemas de los grupos camerísticos de larga trayectoria radica en evitar la mecanización, la lectura “correcta”, aunque fría, de las partituras, alejándose de esa fecunda atención que las voces deben tener unas de otras para levantarse mutuamente.

Tal no ocurre con los maestros búlgaros. Cada uno de ellos demostró, tanto en la temprana obra de don Félix como en el cuarteto del francés, no solo el don de claridad en sus ligaduras y fraseos, sino sumo cuidado en los acentos, los coloridos que derivan de la interacción entre las voces respectivas.

La pieza de Mendelssohn —Op 1— fue originalmente un ejercicio escolar —don Felix tenía 12 años en 1822— que su maestro de armonía, Jules Benedic, le supervisó. Entre el tejido de sus cuatro movimientos, en los que el alumno cumplió con modulaciones y variaciones, se respira la imitación de dos modelos: Hummel y Carl María von Weber. Los integrantes de Orpheus destacaron en el Scherzo, pleno de vivacidad y fulgurante discurrir del tema, así como en el ímpetu del Allegro final.

Más robusto y maduro fue el cuarteto —Op 15— del maestro Fauré, menos conocido por el gran público, que siempre mantuvo su bandera de neorromántico, negándose a seguir las modas impresionistas y rindiendo pleitesía a su héroe, Camile Saint-Saëns.

En su pieza mezcla Fauré la intensidad y los contrastes y logra establecer su propio idioma. Hay momentos en que el piano lidera el proyecto, pero las cuerdas demandan su papel rítmico. Tras un scherzo que vislumbra un paseo por las calles del nocturno París, se pasa a un adagio contemplativo y pleno de intimidad, antes de un vigoroso final que el autor reescribiera años después del estreno en 1872.

Firmes y prolongadas fueron las palmas que el grupo Orpheus recibiera al final de su excelente presentación.— Jorge H. Álvarez Rendón

 

Otras Noticias