Monarquía

La reina Isabel II supo adaptarse a diferentes épocas

Su estilo es práctico y elegante
lunes, 27 de junio de 2022 · 00:13

NUEVA YORK (AP).— La reina Isabel II podría tener el guardarropa más fatigado del planeta.

“Cada atuendo usado en público es cuidadosamente calibrado para inspirar o recordar, para mostrar gratitud o respeto, para expresar un sentido de poder o de familiaridad”, escribió el diario “The Mail on Sunday” en 2015. “Su majestad no establece ni sigue tendencias, pero, aunque es sorda al canto de sirenas de la moda, tiene su propio estilo”.

De sus tiaras, sombreros y mascadas Hermès, a sus bolsos de mano Launer London e incluso sus sombrillas, el estilo de la soberana ha sido hiperdocumentado desde su nacimiento, sus días de joven princesa, su ascenso al trono y ahora que se celebra el jubileo de platino de su reinado, a los 96 años de edad.

Conocida en la actualidad por sus abrigos de colores brillantes (elegidos así para ser vista por las multitudes) con sombreros a juego, Isabel II fue una princesa y monarca glamurosa en sus primeras décadas.

Debate de bebé

El nacimiento de la reina desató un debate de estilo, según revela Bethan Holt, editor de moda de “The Telegraph” y autor del libro “The Queen: 70 Years of Majestic Style”.

Desde el comienzo su guardarropa fue tema de fascinación nacional, con un ajuar de bebé cosido por su madre y abuela, y un poco de ayuda de mujeres de escasos recursos de Gran Bretaña. Al declarar que los bebés vestidos de lana parecían “pequeños gnomos”, la madre de la pequeña Lilibet, entonces duquesa de York, optó por algodón con volantes sin que fuera demasiado recargado.

Cuando nació su hermana Margarita, cuatro años después, las princesas se vistieron igual hasta la adolescencia. Cuando era niña, a la futura reina no le importaba “un pepino” la ropa, de acuerdo con su institutriz Marion Crawford.

“Ella usaba lo que le decían sin protestar, fuera de una larga gabardina que odiaba”, reveló Crawford en sus controvertidas memorias “The Little Princesses”.

Con la abdicación de su tío y el ascenso de su padre al trono como Jorge VI, la princesa Isabel se convirtió en la heredera. Ahí comenzó la labor del modisto Norman Hartnell, de acuerdo con Holt. Aunque había otros diseñadores, a él se le encomendó vestir a la familia al emerger al escenario mundial, incluyendo a las dos princesas de 11 y 6 años.

Sus “vestidos adornados con moños y pequeños abrigos señalaban un regreso a la tranquila fiabilidad de la monarquía”, anota Holt.

A los 18 años, durante la Segunda Guerra Mundial, Isabel empezó a tener apariciones más públicas, entrenando como mecánica a inicios de 1945. Fue la única vez que usó rutinariamente pantalones y overoles.

La reina era, y sigue siendo, una persona que se viste en forma práctica cuando es necesario, pero también es glamurosa cuando la ocasión lo amerita. Solía usar mangas cortas o prendas sin mangas, algo que ya no hace. Poco antes de su boda en 1947 posó para fotografías con el príncipe Felipe en un vestido sencillo de color claro con las mangas por encima del codo y sandalias de tacón bajo con la punta descubierta.

“La gente quiere ver a la realeza vestida como realeza, pero al mismo tiempo no quieren pensar que se está desperdiciando el dinero de los contribuyentes”, explica Nick Bullen, editor en jefe de True Royalty TV.

Hartnell transformó las flores de la “Primavera” de Botticelli en un vestido de gala con cristales blancos y perlas para la boda de Isabel II. Pero no fue sencillo, había dudas diplomáticas en el período de la posguerra, afirma Holt. La aduana incautó 10 mil perlas de río de Estados Unidos y a los periodistas se les aseguró que la seda producida en Kent y tejida en Essex provenía de gusanos de la “nacionalista” China y no del “enemigo” Japón.

Miles de personas en Gran Bretaña enviaron sus cupones de ración a la princesa Isabel para que los usara para materiales para el vestido. Eso habría sido ilegal, así que ahorró los suyos y le pidió al gobierno 200 extra, señala Holt a The Associated Press.

“Esto mostró la sed que había en el país para este gran momento de glamur”, dice. “En años recientes, hemos conocido a la reina y al príncipe Felipe como esta dulce pareja de viejos, pero tenemos que recordar que en esa época eran la nueva, impresionante y glamurosa pareja en escena”.

La boda no estuvo exenta de drama tras bambalinas. La tiara Fringe de la reina María, hecha por la abuela de Isabel de un collar que le regaló a María la reina Victoria, se rompió justo antes de la ceremonia y fue llevada apresuradamente a la joyería Garrard, encargada de las piezas de la corona, para que la repararan.

El vestido y la boda fueron “un verdadero momento de esperanza”, apunta Holt.

Desde hace años la reina se acomodó en las faldas y vestidos justo debajo de la rodilla, pero el largo de sus faldas llegó a ser un tema para los integrantes más viejos de la familia. En 1952, Isabel, entonces de 25 años, ocupó el puesto de cabeza de la familia en el funeral de su padre siguiendo los estrictos códigos de vestir establecidos durante la monarquía de Victoria.

Cuando la reina María hizo una reverencia a su nieta y le besaba cada mejilla, le advirtió: “Lilibet, tus faldas son demasiado cortas para el luto”, escribe Holt. El vestido de la reina llegaba por arriba de los tobillos, pero respetuosamente debajo de la rodilla, mientras que el de su abuela llegaba al piso. Todas las integrantes de la familia real, incluyendo Isabel II, iban cubiertas con velos negros como los que llevó la reina Victoria por 40 años tras la muerte del príncipe Alberto en 1861.

“La evolución del estilo de la reina de una joven princesa a la monarca con el reinado en servicio más largo de la historia británica se ha tratado de ella siendo de la época, no siguiendo la moda”, afirma Bullen.

La reina que conocemos ahora usa tacones anchos o mocasines, generalmente fabricados a mano por Anello & Davide; un clásico bolso Launer en el brazo y un broche en el hombro. Usa faldas escocesas de tartán como estilo campirano. Pero la reina de comienzos de la década de 1950 encantó al mundo con cinturas entalladas, siluetas de lápiz y algunos experimentos esponjosos y etéreos cuando la moda de posguerra se apoderó del país.

Otra estética

“En los primeros años de su reinado adoptó la estética del New Look de Dior y las mujeres veían sus atuendos como una fuente de inspiración, en buena medida como lo hacen con la duquesa de Cambridge ahora”, explica Kristin Contino, reportera de estilo de Page Six.

Hubo un glamur juguetón en las décadas de 1970, 1980 y 1990, incluyendo un atrevido vestido de gala multicolor en 1999 para una función de Royal Variety, creado por Karl-Ludwig Rehse, con rombos amarillos, azules, rosados y verdes, lentejuelas en el torso y falda amarilla.

También hubo una fase con turbantes en los años 60 y 70 entre toda una variedad de estilos de sombreros.

La reina se enteró de la muerte de su padre durante una escala en Kenia de camino a Australia. Algunos reportes señalan que llevaba puestos pantalones de mezclilla para un encuentro con una manada de elefantes en el momento que su padre moría mientras dormía en Sandringham. También llevaba pantalones en un safari en Zambia en 1979 y un conjunto de pantalón en 2003 al salir del hospital rey Eduardo VIII en Londres tras una operación de rodilla.

Era Margarita, la rebelde, quien era reconocida como una estrella de la moda entre Dior y otros diseñadores, y su influencia sobre Isabel era evidente. La pequeña hermana ayudaba a la soberana a encontrar nuevos diseñadores británicos y le presentaba a creadores en ascenso, como la sombrerera Simone Mirman.

Mirman creó algunos de los sombreros más destacados de la reina, incluyendo su “casco medieval” estilo Tudor, como lo llama Hartnell, color amarillo pastel para la investidura del príncipe Carlos en 1969.

“Margarita estaba realmente a tono con la moda. Ella era la que leía ‘Vogue’. Así que solía ir con la reina a compromisos para inyectarle ese pequeño extra de estilo a sus atuendos”, dijo Holt.

La reina, que generalmente elige diseñadores británicos, ha tenido por años gusto por las mascadas de seda de la casa Hermès. La marca ha lanzado varios diseños en su honor. Lo hizo en 2016 con un pañuelo con temática ecuestre para celebrar su cumpleaños 90.

En la actualidad no hay una fiebre por copiar el estilo de la reina, pero por un período en la década de 1950 las mujeres vivían así gracias a su gusto por los vestidos de algodón con estampados florales o abstractos de Horrockses Fashions.

En octubre de 1952, poco después de ascender al trono, la reina fue la sensación en el Teatro Imperio en una función del musical “Because You’re Mine”. Llevó un vestido bicolor de gala de Hartnell que asemejaba un frac negro con el frente blanco y amplias solapas en un diseño halter a juego con guantes largos, una tiara y un brazalete de diamantes.

Al día siguiente estaba en todas las revistas y diarios. Los fabricantes corrieron a copiarlo. El vestido se apodó “el acaparador” y la reina no volvió a usarlo nunca.

A Isabel II le encanta coordinar colores, apegándose a los tonos brillantes y pasteles en abrigos y vestidos florales en la actualidad.

Eso también incluye sus famosas sombrillas transparentes. Son fabricadas por Fulton Umbrellas y se pueden adquirir por 30 dólares o menos, aunque las de la reina son hechas a la medida. Ella tiene unas 100 con toda una variedad de colores en el borde inferior, pero, contrario a lo que dicen los reportes, no posee 200 de sus bolsos Launer, asegura Holt.

Gerald Bodmer, quien rescató a Launer en 1981 tras un período en declive, también niega ese mito.

“Él dice que ella tiene varios estilos de diferentes colores. Doscientos está muy por encima de la cifra”, manifiesta Holt.

Launer extiende las correas de sus bolsos de piel para facilitar a la reina colgarlas de su brazo y se asegura de que sean ligeras de cargar. ¿Y qué lleva dentro? Bullen ha escuchado que siempre hay lápiz labial, un pañuelo y un retrato del príncipe Felipe, quien falleció el año pasado a los 99 años.

El diseñador irlandés Paul Costelloe, quien vistió a la princesa Diana en las décadas de 1980 y 1990, dice sobre el estilo de la reina: “Es un poco como una maestra de primaria, una buena maestra de primaria. Nunca escandaliza, siempre lo hace bien”.

 

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