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Hace 15,000 años que los humanos comen pescados

miércoles, 8 de junio de 2022 · 01:30

MADRID.— Todas las evidencias científicas apuntaban que eran, sobre todo, recolectores y cazadores, pero un equipo de investigadores demostró que el “Homo sapiens” mostró interés por el marisco y el pescado hace al menos unos 15,000 años.

Lo comprobó un equipo de investigadores tras analizar los restos fósiles de la cueva de la Victoria, en la localidad malagueña de Rincón de la Victoria (España), donde se cercioró de que aquellos humanos adquirían recursos marinos mediante técnicas de marisqueo, que practicaban el “rebalaje” para pescar y hasta capturaban mamíferos varados en la arena.

Los resultados de la investigación, que se publicó en la revista científica “Heliyon” del grupo Cell Press, se suman a los que se publicaron durante los últimos años y querevelan la importancia de las cuevas paleolíticas del sur de la península Ibérica, en las que se dataron las pinturas rupestres más antiguas del mundo (de hace unos 65,000 años) —en la cueva malagueña de Ardales— y por las que pasaron numerosas culturas antiguas durante casi 60,000 años.

Los restos ahora analizados corresponden al paleolítico tardío, al período Magdaleniense (hace unos 15,000 años) y son en su mayoría herramientas de piedra y objetos de adorno, además de restos humanos y animales que ayudaron a los investigadores a comprender las estrategias de subsistencia de los habitantes de esa cueva en aquella época y a compararlas con los pobladores de otras áreas.

Continuando las pesquisas que inició hace 50 años el arqueólogo Francisco Javier Fortea —ya fallecido—, investigadores de varias universidades españolas —de Salamanca, Valencia, País Vasco y de la UNED—, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) demostraron que la base proteínica de la dieta mediterránea estaba ya en pleno funcionamiento durante el paleolítico en la bahía de Málaga.

La aplicación de modernas tecnologías les permitió profundizar en la interpretación de los restos arqueológicos y el arte rupestre de esta cavidad, consolidada como un laboratorio “excepcional”, según los investigadores, para conocer las costumbres de las poblaciones paleolíticas del sur de Europa.

Así, este trabajo permitió demostrar que mientras en el resto de Europa el “Homo sapiens” —hace 15,000 años— basaba su dieta en el reno o el bisonte, en la Costa del Sol ya había incorporado el pescado, el marisco o la carne de conejo.

La arqueóloga María del Mar Espejo observó que el humano del Paleolítico era “cazador, recolector y pescador”, pero su faceta como este último era poco conocida, por lo que la colección de fauna marina hallada en el interior de la cueva es especialmente interesante.

La investigadora —responsable además de la empresa Ardalestur que gestiona las visitas culturales a varias de estas cuevas— recordó que muchos de los restos que se extrajeron de este yacimiento permanecían en la Universidad de Salamanca como elementos “secundarios” de otros grandes hallazgos, pero cobraron ahora un nuevo valor ecológico y cronológico.

Esta cavidad está situada a solo 70 metros del nivel del mar y alberga un doble yacimiento —arqueológico y artístico— y en sus salas y galerías se conservan numerosos vestigios de las dos grandes etapas prehistóricas (Paleolítico y Neolítico).

Los científicos que trabajaron en la zona y que analizaron ahora los restos arqueológicos depositados en la Universidad de Salamanca desde hace décadas corroboraron que algunas salas estaban vinculadas con ocupaciones humanas paleolíticas y otras habrían servido como depósitos funerarios durante el Neolítico.

Y sus paredes reflejan también esa transición, con pinturas (manos y fauna) características de la época paleolítica y el arte rupestre propio de la fase neolítica (representaciones humanas esquematizadas), que convive en la Cueva de la Victoria con restos humanos.

Los análisis que se realizaron permitieron a los investigadores determinar que el “sapiens” incluyó en su dieta a finales del Paleolítico —hace entre 13,500 y 15,000 años— varios tipos de peces (sargo, dorada o breca), moluscos (concha, berberecho, viera, mejillón o coquina), crustáceos (varios tipos de cangrejo) y mamíferos marinos (delfín y restos de la piel de ballena), además de varios animales terrestres (conejo, cabra, caballo, ciervo y jabalí).

Solo tres especies llegaron a la cueva como fauna “no cazada” o recolectada (un zorro, un lince y un reptil tipo lagarto), lo que según los investigadores demuestra que los habitantes de la zona aprendieron a aprovechar los recursos naturales de dos ecosistemas muy próximos y favorables para la alimentación: los montes de Málaga y la costa.

María del Mar Espejo aseguró que las cuevas de Rincón de la Victoria son especialmente importantes para los investigadores, pero ese interés se disparó en la actualidad debido a la disponibilidad de modernas tecnologías “y al cambio de mentalidad de la generación actual respecto al medio ambiente y a la relación de los humanos con un espacio privilegiado”.

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