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Ricardo Pat Chan: El legado de José Castellanos Guerra

sábado, 2 de julio de 2022 · 01:30

Por más de noventa años, el apellido Guerra fue referente obligatorio para cualquier cuestión fotográfica en la región. En la Península se conocía bien el trabajo que esta familia había venido realizando desde el último cuarto del siglo XIX, desde que Pedro Guerra Jordán se aventuró y adquirió el negocio fotográfico de Huertas y Oliveras (fotógrafos españoles), quienes ofrecían el servicio de placa húmeda.

Al respecto, el fotógrafo e investigador de la fotografía Waldemaro Concha ha llevado al cabo diversos trabajos que muestran la importancia de estos procesos en la historia de la fotografía.El heredero de este fotógrafo, Pedro Guerra Aguilar continuó con la gran labor de su padre y consolidó el estudio en la segunda década del siglo XX, dejando evidencia de este accionar en diversas publicaciones y al formar en 1928 la Asociación de Fotógrafos de Yucatán, organismo que comparte diversas técnicas y nuevos avances de la fotografía en la revista “Yucatán Fotográfico”.

El “as” de la fotografía, como era conocido en el medio, había comenzado a difundir y facilitar el camino de los fotógrafos amateurs. Concursos y nuevas tecnologías se hacían presentes en esta publicación, así como diferentes consejos para el manejo del material fotográfico, por mencionar alguno, el escrito sobre el “Gabinete Oscuro”, del No.1 de esta revista; la portada contaba con retratos de diversos miembros de la Asociación, como el retrato de perfil del No.2 de esta revista, realizado por Raúl Cámara (primer yucateco con estudios fotográficos). De igual manera se incluían retratos de “amateurs”, en la página del aficionado; en donde incluso compartió parte de sus primeros trabajos José Castellanos Guerra (sobrino de Guerra Aguilar), durante sus inicios, en la “página del aficionado”.

Con la muerte de Guerra Aguilar, en 1959, la Fotografía quedó en manos de José Castellanos Guerra, quien con 39 años, toma las riendas de uno de los negocios con mayor tradición en la ciudad, así como viviría los últimos años del gran Estudio Fotográfico Guerra.

Castellanos heredaría un gran legado, así como un sinfín de dificultades, producto de la modernidad y de los diferentes gastos que representaba la manutención familiar, puesto que el negocio era el único sustento para la familia Castellanos Gual.

Es muy poco lo que se conoce sobre él, que intentó llevar las riendas de una tradición ajena para las nuevas generaciones que buscaban rapidez, más allá de calidad. Castellanos ha sido retirado del reflector, dada la poca información que se había llevado sobre su figura, fugaz, producto del gran peso que generaban sus antepasados. Castellanos Guerra, hombre prominente y por demás conocido dentro de la sociedad yucateca, había conocido el negocio desde su infancia, debido a la cercanía que llevaba con su tío, Guerra Aguilar. Dominaba los conocimientos fotográficos y contaba con una cualidad única, un carisma que generaba una clientela fiel así como cercanía con la élite política de la época; contaba con una amistad entrañable con gobernadores, funcionarios, literatos, etc. Había aprendido del negocio de mano de su tío, puesto que desde temprana edad, comenzó a trabajar con él, así como se había formado de la mano de un maestro de maestros, del “as” de la fotografía. Todos estos aprendizajes serían puestos en práctica, al momento de continuar el legado. Sin embargo, diversos factores fueron complicando lo que ya de por sí era complicado: mantener a flote un monstruo, que era el Estudio Guerra. Aunado a esto, la enfermedad sería una limitante para la mayoría de sus actividades, una que favorecería a la decadencia del estudio. Toman su lugar sus hijos e hijas, quienes llevaban al cabo varias actividades en el negocio: cobro, toma fotográfica, revelado, fijado...

El Estudio Guerra contaba con diferentes secciones, como la carpintería, en donde se elaboraban marcos de diferentes tamaños y formas para el retrato o trabajo a realizar, así como con un dibujante que realizaba el retocado, lo que lo volvía un trabajo completo y de gran calidad; con el tiempo, estas mismas secciones se hicieron pesadas para los gastos del estudio, complicando todavía más su panorama.

Se conservaban en las instalaciones los negativos de los diferentes procesos fotográficos tomados por Pedro Guerra Jordán, su hijo y sus colaboradores, ochenta años atrás. Con el tiempo, la cantidad rebasaría la capacidad de las bodegas en donde se encontraban resguardadas, y generaría la preocupación por seguir conservando lo que con mucho esmero y dedicación habían logrado los fotógrafos antes mencionados, así como la familia Castellanos Gual; lo que llevaría a buscar un nuevo lugar para resguardar las placas y prolongar la vida de los registros gráficos.

Ante la enfermedad de José, Josefina Gual de Castellanos continuó este deseo y legado; ya desde mucho antes, había velado por la integridad y “conservación” de estos registros históricos. Con suma cautela y visión, guardó las más de 250,000 placas de vidrio, tomadas por el tío Guerra, los cuales contenían la historia visual del estado y entregó todo a la Universidad de Yucatán, más adelante.

Licenciado en Historia

 

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