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Pablo Herrero: Pensar en Brook es pensar la escena

martes, 5 de julio de 2022 · 01:30

Recuerdo que el maestro Luis de Tavira iniciaba una interesante plenaria (como todas la que he tenido la fortuna de escuchar) en Mérida citando a Peter Brook: “Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que necesita para realizar un acto teatral”. El maestro se detenía en la frase “camina por el espacio vacío” y de allí surgía la pregunta ¿y cómo camina? para iniciar su discurso sobre el actor/actriz y compartirnos solo una parte de su enorme estudio sobre la actuación.

Hace unos días platicaba con otro gran maestro, José Ramón Enríquez, sobre la esencia del Teatro, retomamos a Brook y a De Tavira. José Ramón complementa este cuadro diciendo que ese hombre que camina por el espacio tiene la voluntad de ser observado. —De otra manera estaríamos en presencia de un accidente y no del teatro— completa su idea.

Supongo ahora un escenario: Un director y su equipo esperan la entrada al escenario de un actor en un casting, el actor anterior usó agua en su ejercicio y el piso está mojado. Entra un joven con un trapeador a secar el escenario. Lo hace muy rápido y muy bien. Surge la duda, ¿es el actor haciendo casting quien trapea o es el personal de limpieza del teatro haciendo su trabajo ?

Si es un actor improvisando, ha logrado crear esa duda en los espectadores, lo ha hecho muy bien y su voluntad es ser visto. Si por el contrario, es el personal de limpieza que no tiene la menor intención de ser visto y solo cumple su trabajo, estamos ante la presencia de un accidente, una confusión.

Reflexiono sobre ello y pienso que una característica más del teatro posmoderno es buscar este tipo de accidentes y quien logra hacernos creer que estamos ante algo que sucede sin aparente artificio da mejor resultado. Pensemos en algún ejemplo de obras posmodernas y luego preguntémonos si esta característica (el accidente) está presente. No niego el accidente dentro del teatro, llamémosle no posmoderno o tradicional, sucede muchas veces pero la diferencia radica justo en la voluntad, me parece que en el llamado teatro tradicional no hay la voluntad de crear la confusión (accidente) pero sí de crear ficción como ese acuerdo que concede el espectador.

La voluntad de ser visto y el cómo ser visto al transitar por un espacio vacío mientras otro observa nos abre otras puertas (interrogantes) para continuar el diálogo; por ejemplo, preguntémonos ahora ¿cómo observa el que observa? Para ello hay muy buenos proyectos: recuerdo la Escuela del Espectador en México capitaneada hace años por Bruno Berth y Luz Emilia Aguilar Zinger y ahora en Mérida, Aida Barrera retoma el tema con su “Taller para públicos y audiencias curiosas”; seguramente existen y existieron otros más. El punto fundamental es lo que ha provocado Brook en nosotros a lo largo de casi 100 años de vida, en donde la mayoría de ellos han sido dedicados al Teatro. Tuve la suerte de ver dos montajes de “The Suit” (El traje) en Ciudad de México y aquí en Mérida, gracias a las buenos oficios de Érica Millet y Christian Rivero, pudimos ver “Battlefield” (campo de batalla), definitivamente montajes congruentes en la búsqueda de la mesura y lo esencial, actores de diferentes países entregados y empáticos que estudiaban al público al que irían a presentarse. Cada función nos hacían parte de ese rito con influencias orientales que además parecía que nos hablaban al oído. Brook es un pensador admirable que nos invita constantemente a releerlo y creo esto sería la mejor manera de homenajearlo, pero me quedo con la imagen del brazo entrando en el saco de “El traje”, en donde por un instante fui testigo de la posesión de un cuerpo que se convierte en otro sin dejar de ser para poder seguir siendo. La esencia del arte del actor.

Actor y director de teatro. Licenciado en Educación Artística.

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