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Nuevo caso del profesor Zíper

Juan Villoro lo lleva en busca de palabras perdidas
1/8/2022 · 00:00

MÉXICO (EFE).— Juan Villoro considera que la buena aceptación de sus novelas infantiles protagonizadas por el profesor Zíper es una muestra de que tal vez su verdadera edad intelectual es la de un adolescente.

“Los libros del profesor Zíper me han hecho acercarme a un público más amplio que el de mis libros para adultos, lo cual probablemente revela que mi edad intelectual es como de 13 años”, dice.

Villoro, de 65 años de edad, acaba de publicar la cuarta entrega de la saga, “El profesor Zíper y las palabras perdidas”, editada por el Fondo de Cultura Económica. En la historia las palabras comienzan a desaparecer por artimañas de la perversa Academia de Control.

“Este libro tiene que ver con los desafíos del lenguaje, quién es su propietario, cómo se transforma, qué fuerza rebelde pueden tener las palabras, cuál es la importancia de los poetas, en qué medida la vanidad y la ambición intelectual pueden perjudicar a una persona, aunque se trate de una gente erudita”, explica el autor.

Villoro admite que los temas coinciden con sus preocupaciones del oficio.

Aunque reconoce que todo empieza por el respeto al lector, admite también que asume la escritura como un atajo para jugar, como sucede en su nueva obra, en la que aparecen como personajes sus amigos Francisco Hinojosa, escritor para jóvenes, y Rafael Barajas, caricaturista conocido como El Fisgón.

La desaparición de palabras como libertad, energía, imaginación y ciencia, por obra de la Academia, causan inquietud y, tras un veto al maestro Bernardo Banfi, Julia, Alex y Asdrúbal buscan al profesor Zíper para que los ayude con un invento.

Viven los chicos inesperadas aventuras, la más emocionante de ellas cuando Zíper les encuentra máscaras de Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Octavio Paz, galardonados con el Nobel, con cuyos rostros entran a la sede de los controladores del idioma y salvan a las palabras.

“La poesía es la forma más alta del lenguaje y quienes escribimos en otros géneros podemos ser carteros de los poetas; quise introducir a tres grandes maestros de la lírica latinoamericana para solucionar un misterio. Me pareció interesante que los niños sustituyeran a los poetas”, revela.

La primera vez que Juan Villoro escribió para niños fue a mediados de la década de 1980, con el volumen “Las golosinas secretas”. Pensaba que la literatura para niños sería un descanso, como jugar damas chinas después de ajedrez, pero pronto se dio cuenta de la complejidad de la mente infantil.

“Lo niños tienen reglas propias; la imaginación infantil es muy barroca, está abierta a estímulos variados, pero al mismo tiempo busca la lógica. Los niños cuando están concentrados jugando tienen una seriedad extrema y entendí que la literatura para niños era un reto superior a lo que yo había pensado”.

En estos tiempos en los que la ortografía sufre en las redes sociales, Villoro defiende la labor de los diccionarios y las academias, aunque igualmente de la libertad del idioma. “En los chats de WhatsApp las palabras se enfrentan en un campo de batalla; unas llegan tildadas; otras vendadas; otras heridas. Eso es una destrucción de la lengua y a nadie le importa, pero en otras zonas el lenguaje me parece que debe responder a normas comunes porque si no acabaríamos en una torre de Babel; en ese sentido es importante la Academia de la Lengua”.

 

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