“En toda América Latina, las estanterías de ‘Ciencia ficción’ llevan mucho tiempo llenas de traducciones de H.P. Lovecraft, Ray Bradbury, William Gibson y H.G. Wells, pero ahora tendrán que competir con una nueva oleada de escritores latinoamericanos, que se están adueñando del género, arraigándolo en sus países e historia. Dejando a un lado los campos de maíz y los rascacielos neoyorquinos, sitúan sus historias en la densa Amazonía, los escarpados paisajes montañosos andinos y la inconfundible expansión urbana latinoamericana”, escribió Emily Hart a propósito de la ciencia ficción latinoamericana contemporánea.

En estas obras encontramos lo mismo cóndores que ciborgs, jaguares e inteligencia artificial, ayahuasca y ciberespacio, por citar algunos de los componentes narrativos centrales de la obra colectiva “El tercer mundo después del sol”. Asimismo, como observó Hart, otros componentes que recorren la ciencia ficción latinoamericana actual son la crisis climática y la “ficción vírica nacida durante la pandemia de coronavirus”.Acaso en esta tendencia pueda ubicarse “El camino de Wembra y otras utopías feministas”, el nuevo libro de relatos del escritor Adrián Curiel Rivera, publicado este año por la editorial Lectorum. En este conjunto de narraciones, la ciencia ficción se arraiga en Yucatán, o mejor, en lo que Eugenia Montalván ha llamado la “literatura huach” de Curiel. Una ciencia ficción huach.

Según Montalván, la literatura huach de Curiel “se aventura a narrar con lujo de detalle los hechos que observa y asimila (sin otra alternativa) al iniciarse o adentrarse (paulatinamente) en una realidad distinta a la que conocía, ya fuera en Ciudad de México, donde nació, o en Madrid, donde había pasado los últimos años de su vida, y lo hace en su legítimo carácter de ‘huach’”.

En “El camino de Wembra”, la realidad que se observa y asimila ya no es la del Yucatán del presente, sino la del Yucatán del futuro, en el que algunas tendencias actuales son acentuadas.

Un lugar inhóspito

Así, el escenario en el que transcurren las historias del título se trata de un Yucatán futuro ataviado por guerras, pandemias y una crisis climática. Altísimas temperaturas que hacen de la entidad un lugar inhóspito no solo para huaches, sino para todos sus habitantes; de una expansión urbana aún más descontrolada y más caótica; de selva devastada y aves y abejas cerca de la extinción; de mares contaminados y extremadamente tóxicos.

Los efectos de la radiación, uno de los temas predilectos de la ciencia ficción de mediados de siglo XX, también están presentes en los relatos. Particularmente, las sustancias tóxicas han alcanzado al cráter de Chicxulub y este contacto ha provocado una radiación que ha convertido a los tolocs en iguanos gigantes.

Si hace millones de años el meteorito que impactó en Chicxulub extinguió a los dinosaurios, en el Yucatán futuro la radiación del cráter los ha revivido.

De modo que las historias de “El camino de Wembra” están habitadas por innovaciones técnicas propias de la ciencia ficción, como aerocicletas de motor y aceras giratorias, que nos recuerdan a las de la novela “Eugenia” de Eduardo Urzaiz, pantallas omnipresentes y hologramas, naves extraterrestres que visitan la Tierra, las cuales conviven con elementos de la flora y fauna local, árboles chaká, palo de tinte y tolocs, con apellidos y ciudades mayas, con las características palabras del español yucateco o uayé. En este escenario, el Yucatán del futuro se nos presenta como una crítica satírica del Yucatán contemporáneo. Por ejemplo, en las páginas de “El camino de Wembra” se retrata con humor la peculiar colaboración entre el gobierno estatal blanquiazul con el gobierno federal guinda, que en conjunto planean una Mega Refinería de petróleo en el cráter de Chicxulub, sin importar los impactos sociales ni ambientales. Asimismo, la sátira aborda las caóticas transformaciones urbanas de Mérida. En el cuento titulado “La visita” leemos sobre las “bicirrutas improvisadas que compartían el carril con los microbuses, lo que provocaba un alto índice de atropellamientos y mortandad”.

En el relato “Operación limpieza profunda” nos encontramos con que, debido al clima extremo y las inundaciones, se tienen que desaguar las rieles del tranvía electromagnético de Mérida, mientras que el Paso Deprimido se ha convertido en el Paso Sumergible.

Un ejecutado

Y, desde luego, uno de los temas que atraviesan las narraciones es acerca de las políticas de género.

Como trabajo de ciencia ficción, Curiel intensificó algunas de las posiciones extremistas en la materia. Por ejemplo, un profesor que da clases en línea, no mediante Zoom, sino como holograma, es ejecutado por llamar “compañera” a “une” estudiante que se identifica como “compañere”.

Como en su novela “Blanco trópico”, la cual provocó controversia en Yucatán, precisamente por su carácter de “literatura huach”, de una mirada ajena sobre lo propio yucateco, algunos relatos de “El camino de Wembra” pueden caracterizarse como de “campus”, que narran las peripecias de la vida universitaria, relatando, y criticando, la competencia en ocasiones salvaje que se da en este ámbito. “Los académicos se habían metamorfoseado en una casta de privilegiados depredadores, no había que dejarlos sin vigilancia”, se narra en “Operación limpieza profunda”.De igual manera, se aborda con humor la popular obra de Donna Haraway, cuyo particular discurso se ha vuelto cada vez más común en el medio académico. Los relatos no solo tropicalizan, tal vez sería mejor decir “blanquitropicalizan”, la ciencia ficción europea y norteamericana, sino que igualmente reconocen la herencia regional, particularmente la pionera obra de Eduardo Urzaiz, “Eugenia”, publicada originalmente en 1919.

El relato que abre la publicación, “El cuento del criado”, combina de manera creativa la distopía de Margaret Atwood con la “Eugenia” de Urzaiz. En este texto encontramos una sociedad en la que el heteropatriarcado ha sido sustituido por un régimen matriarcal.

La inversión no solo es de régimen político, sino también biológico. Como relata el narrador, “la mujer, hastiada por la carga fisiológica de la maternidad, decidió que fuera mejor el hombre quien pariera”, lo que ahora es posible gracias a innovaciones técnicas, como también sucede en la novela “Eugenia”. En “El cuento del criado”, el régimen matriarcal reproduce los horrores del régimen patriarcal: cosificación del otro sexo, vigilancia absoluta, ejecución a los disidentes. De modo similar, en el cuento “La visita”, los heterosexuales fueron expulsados y confinados en el planeta Marte.

Gracias a un escudo magnético formado en el cráter de Chicxulub, solo la Península de Yucatán siguió siendo habitable después de un apocalipsis atómico provocado por los heterosexuales.

Ahora, el orden social se basa en las relaciones entre homosexuales, quienes planean segregar y esclavizar a los heterosexuales que han decidido visitar la Tierra después de haber devastado también Marte.

En este sentido, los relatos que integran la obra llamada “El camino de Wembra” están lejos de ser una crítica a los feminismos o a los movimientos LGBTQ+ en sí.

En sus 144 páginas es evidente el rechazo sobre la cosificación de las mujeres, las terapias de conversión, entre otras tantas prácticas machistas y heteronormativas.

Más bien, desde la ciencia ficción latinoamericana, se ofrece una sátira a prácticas y discursos políticos acríticos y al ejercicio totalitario del poder, sea en el gobierno, en la academia o en la intimidad de las relaciones. Son una mirada original desde la ciencia ficción huach que devela aspectos críticos y humorísticos de la sociedad yucateca actual.

Investigador del Cep hcis-UNAM

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