Ponencia en la última jornada del Congreso Nacional de Historia Demográfica, ayer en el Palacio Cantón
Ponencia en la última jornada del Congreso Nacional de Historia Demográfica, ayer en el Palacio Cantón

Las diferencias entre los archivos parroquiales y el Registro Civil, así como los cambios que se fueron gestando a lo largo de los años, como precisar el lugar de defunción de una persona y el camposanto en que fue enterrada, fueron compartidos por la investigadora Diana Alicia Gutiérrez Medina, de El Colegio de Michoacán, durante su participación en la última jornada, ayer, del Congreso Nacional de Historia Demográfica, que tuvo como sede el Palacio Cantón.

El encuentro se inició el martes pasado. Diana Alicia Gutiérrez intervino con el tema “Del registro de fe al Registro Civil. Nonoava, un pueblo beato de la Sierra de Chihuahua, 1861-1890”.

La investigadora expuso cómo se fueron conformando los registros de nacimientos y defunciones una vez que se creó la oficina del Registro Civil en Chihuahua en 1861 y recordó que antes de que existiese esa institución las parroquias católicas eran las únicas que llevaban un control de datos, basados en los sacramentos que se impartían en las iglesias, como bautizos y bodas.

Contó que Nonoava, el pueblo donde realizó su estudio, tenía una baja densidad de población y contaba con una hacienda y 35 ranchos.

En 1861, bajo la gubernatura de Luis Terrazas, se instituyó el Registro Civil en el estado de Chihuahua y al año siguiente, el 18 de mayo, se expidió el reglamento de los juzgados del Registro Civil que señalaba en su artículo primero que debían establecerse jueces del estado civil en cabeceras de cada cantón, municipalidades y secciones de municipalidades, que tendrían jurisdicción en sus demarcaciones respectivas.

También estipulaba que los jueces debían establecerse en lugares por su distancia, número de habitantes y otras circunstancias por las que el gobierno los considerara necesarios.

En 1861, en la ciudad de Chihuahua se estableció el primer juzgado, a cargo de Francisco Nieto Cruz.

Ese mismo año se reglamentó el arancel de un peso por el registro de nacimientos, matrimonios, adopciones, defunciones, arrogaciones y reconocimientos.

En Nonoava, los primeros registros, según las actas, datan de 1862. Sin embargo, sus habitantes mantuvieron la costumbre de registrarse en las parroquias.

Había diferencias en los datos que se asentaban en las iglesias católicas y el Registro Civil. Por ejemplo, en el caso de las defunciones, en las parroquias se reportaba el nombre del finado, su género, edad y fecha de deceso y, en menor medida, causa y lugar de fallecimiento, nombre del padre y la madre, pago, el sitio del entierro y la adscripción étnica.

Por su parte, en el Registro Civil se incluían nombre, fecha y lugar de defunción, en algunos casos compareciente, causa del deceso, sexo, edad, nombre del padre y la madre, lugar de origen de los padres o del difunto, estado civil, ocupación, sitio del entierro, testigos, nombre de los hijos y abuelos, y adscripción étnica.

La investigadora indicó que los párrocos y jueces civiles decidían qué datos colocar en las fichas de acuerdo con su criterio.

En 1872 comenzó a reportarse la causa de muerte y a partir de 1875 ya era un dato que siempre se consignaba.

Un total de 1,291 actas del Registro Civil de Nonoava fechadas entre 1862 y 1890 fueron estudiadas por Diana Alicia Gutiérrez, quien encontró que el 38% de la población la conformaban hombres mestizos, 34% mujeres mestizas, 14% hombres indígenas y otro 14% mujeres indígenas. También halló que en 1868 empezó a registrarse el lugar de la muerte. Así lo pudo comprobar en 99 actas de defunción.

A partir de 1863 se incluyó la edad de fallecimiento, que en ocasiones difería de lo que indicaba el registro parroquial. En 1873 se empezó a anotar el camposanto en que las personas eran enterradas.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

Cuando la persona tenía una carencia económica, algo común en la población indígena, no se les cobraba por el trámite

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