Puesto de dulces tradicionales
Puesto de dulces tradicionales

El misticismo de poner el altar, la creencia de que realmente las ánimas vienen a visitar a los vivos, los ritos que se tenían como el rezo del rosario e ir a misa son parte de lo que se ha perdido al celebrar el Hanal Pixán, pues ahora es visto como algo folclórico y hasta frívolo.

Así lo considera Gonzalo Navarrete Muñoz, cronista de la ciudad, al hablar de cómo han cambiado las costumbres respecto a esta celebración en la región.

Destaca que uno de los aspectos más relevantes que se ha perdido es la visión mística de la posibilidad de que las almas vinieran a visitar a sus familiares en esos días, y la idea de recibirlas y celebrar la vida con ellos.

Afirma que no es una celebración a la muerte, porque no los vivos van a ver a los muertos, sino que los muertos acuden a los vivos, de manera que es una celebración de la vida con los muertos como invitados.

Años atrás era algo místico poner el altar, el colocar las viandas que le gustaban al difunto, “había cierta fe en que los muertos venían a ver a sus familiares, pero hoy se ve como algo folclórico, ponen esto y lo otro en el altar pero no asumen que sus seres queridos vienen”.

“Es como seguir una costumbre, pero de manera frívola, como adornar la casa, sin asumir que las almas vienen de visita”.

Recuerda que en su familia, sus abuelos y su madre ponían la mesa de las ofrendas con las cosas que se acostumbran, pero no era tan importante como celebrar a los muertos, lo que equivalía a recordarlos, rememorar sus palabras, lo que hacían, recordar anécdotas sobre ellos era la manera de hacerlos presentes en la celebración.

Además, antes eran días de guardar: no se trabajaba, se rezaba el rosario en el día de los niños si se tenía a pequeños difuntos y el día de los fieles difuntos, mientras que el día de todos los santos se iba a escuchar misa. En la actualidad, afirma, son pocas las personas que hacen esto.

—No se piensa en los muertos al poner el altar, sino en el folclor. Tratan de ajustarse a un manual, hacen un “check list” de lo que lleva la mesa, sin pensar en el significado de los elementos.

Apunta que algo que se hacía antes y ahora no sabe si la gente lo sigue haciendo es un camino de veladoras o flores para mostrar al pixán el camino para llegar.

Dicho camino es también para mostrar a las ánimas el camino para llegar, pero sobre todo para irse, ya que prevalece la idea de que si el ánima se queda pueden pasar cosas malas.

El alma sola y el suicida

Otro elemento que ya no se ve tanto, “quizás en los pueblos sí”, es la mesa del ánima sola y la del suicida, esta última es una tradición muy antigua, ya que se decía que era pecado quitarse la vida y alguien que se mataba no entraba al cielo. Este altar, así como el de los bandidos, se colocaba fuera de la casa, ya que la idea es que solo comen y se van cuando no se trata de familiares.

Sobre las ofrendas o viandas para el altar, Navarrete Muñoz observa que han cambiado mucho, pues, por ejemplo, le ha tocado ver hasta un pedazo de sándwich en la mesa, porque eso le gustaba al difunto. Con la idea de que en el altar hay que colocar las cosas que disfrutaba el fallecido, ese hecho se perdona; pero no el colocar el pan de muerto con forma de calavera, porque es una costumbre del centro del país, que surge porque los aztecas eran en cierta forma antropofágicos, pero no fue así en la región, “por lo que eso no va con la tradición”, como tampoco se ve bien que se coman calaveras de dulces.

En el altar yucateco se puede poner pan, pero de la región, y dulces de pepita.

Apunta que hoy día tiene lugar un proceso en el que se redefine la cultura a partir de la migración y la televisión, pero aun así no acepta que se coloque el pan de muerto o las calaveras de azúcar, que tienen un simbolismo ajeno al de los yucatecos.

Enfatiza que el sustento místico del Hanal Pixán se ha perdido, y ahora prevalece el folclorismo y la frivolidad.

Se ha olvidado el sentido de la celebración que es la comunión de los muertos y los vivos, unidos una vez más.

Asevera que si no se va a respetar la tradición y su misticismo no tiene mucho caso poner un altar, “mejor que pongan sus calabazas y listo”.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam Aquitani, tertiam qui ipsorum lingua Celtae, nostra Galli appellantur.

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Gallia est omnis divisa

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